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miércoles, 21 de enero de 2015

RUMBO AL CARNAVAL EN EL PAÍS DE LAS REINAS



1. Un País de Reinas

La República de Panamá es uno de los países del mundo que tiene más necesidad de integración de plumas en sus celebraciones populares. Me refiero a plumas de aves, de diversas especies, totalmente naturales (locales o importadas) y teñidas en todos los colores, cuanto más brillantes mejor....!

Éste es un país de Reinas, pero que se toma la Fiesta muy en serio.

Aquí se persigue la excelencia en todo lo que envuelve la vida de una Reina, con su maquillaje, peinado y atuendo… y con su fabulosa puesta en escena, precedida de una labor titánica, en la que se invierten grandes sumas de dinero.
 

Hay que entender que el esplendor de una Reina sobre su carro alegórico persigue opacar todo a su alrededor, (incluso a sí misma en su aparición anterior) es por ello que la creatividad y la abundancia suelen ser dos elementos recurrentes.

No hay reina que se precie que no quede envuelta en arquitectónicas estructuras de alambre rellenas de seda, plumas, lentejuelas y pedrería, simbolizando de forma alegórica algún personaje histórico, mítico, o emulando a alguna emblemática especie de nuestra apabullante y única biodiversidad. Para el mero observador, hay todo un mundo,  tras este plumaje, que desconoce…  
 
Por supuesto,  quienes hacen de pilar del reinado suele ser la familia que,  por lo general,  goza de cierto abolengo ya que con frecuencia se trata de dinastías. Las reinas prácticamente “nacen”, se educan, pulen y "producen",  junto a todo su impresionante marco de aparición.
La labor previa a su presentación formal toma el año entero. Aún más cuando esa “corona” estaba designada desde su nacimiento; en esos casos, se vive desde mucho tiempo antes del “gran momento”, lo que -no podemos negar- le brinda un encanto extra al universo del Carnaval istmeño.

 
Y tal y como sucede en los reinos de ensueño, aquí no hay Reina sin cortejo. En este caso, la Corte vendría a ser lo que en Panamá se conoce como Tuna, un colectivo asociado, sumamente organizado y apasionado por su misión, todo para que su Real Majestad desprenda lujo, elegancia y mucha belleza.  

La vida de la Tuna es de total entrega a la causa. A veces cuenta con varias decenas de miembros cuyo objetivo común es asegurarse que “Su Reina” brille más que el Sol. O que la Luna… Pues tiene comparecencias diurnas y nocturnas durante toda la semana de Carnaval. Una semana que se convierte en una maratoniana sesión de “tirar” besitos al aire, saludar a los presentes, bailar al ritmo de la Murga y estar impecable 24 horas…

Piensen que la presión de la Reina y su Tuna es enorme, pues a pesar del indiscutible carácter Soberano de Su Majestad y del lujo que despliegan sus presentaciones, por lo general tiene a una rival que pretende imponerse en belleza, donaire, elegancia y LUJO. Así pues, tan importante es la reina como la calidad de su séquito.

Podemos decir que "una reina no hace Carnaval", porque se trata de que eclipse por completo el ambiente, en medio de una explosión de oropel, plumas, lentejuelas, maquillajes y peinados elaboradísimos. Un furor que crece con los cantos llamados “tonadas”,  que gritan las tunas, con los cuales persiguen el doble objetivo de enaltecer a “sus reinas” y “desprestigiar” a las de “los otros”. En Panamá, cada Reino, si bien no tiene dos castillos, les aseguro que tiene dos reinas, con lo que la rivalidad está servida…

 
2. Calle Arriba y Calle Abajo (y calle de “En Medio”)

El popular “Calle Arriba” y “Calle Abajo” responde a la necesaria satisfacción de la dualidad del ser humano… No hay lleno sin vacío, no hay día sin noche y no hay Calle Arriba sin Calle Abajo. Esta es una rivalidad simbiótica, sin la cual no hay Fiesta y que, sin duda, nos regala momentos únicos,  como el conocido bajo el nombre de “topón” que,  por su deducible raíz etimológica, nos da pistas sobre el potente valor del encuentro frontal… Toda una experiencia que,  para creerla hay que vivirla, pero, para gozarla de veras está claro que hay que haberse criado en ella.

En los últimos tiempos, llegó a tal punto el deseo de participar en los pueblos, que en algunos casos, a la pareja de habitual majestuosidad se le ha sumado la de “En Medio”, solo en algunos pueblos han logrado que su fiesta sea un triunvirato real… Pero los pueblos de mayor tradición, fama y por ello, de mayor concurrencia -y atención mediática y turística-, se han sabido mantener en la poderosa rivalidad dual. Es comprensible, como sucede en un “clásico” o en una “final” de fútbol, la emoción está cuando el trofeo se lo disputan  entre dos…

3. Los Culecos

Pero no todo queda en el glamour de las noches engalanadas, el día también reclama su lugar con la contrapartida a la elegancia nocturna, regalándonos la veraniega estampa de los otros momentos representativos durante la Semana del Carnaval:

 
Bajo el sol inclemente de la República de Panamá, la semana de carnaval se define a diario por los famosos “Culecos”, que se viven en los “Culecódromos”,  instalados en plena calle principal, o en el parque más grande del pueblo, dónde cientos - o miles- de entusiasmados acudientes,  bailan a diario, durante la semana entera, al panameño ritmo del reggaetón. Esta es la Fiesta bajo el agua, en la que, ataviados con ropa cómoda y ligera sobre el vestido de baño y con los más originales sombreros, pelucas y lentes de sol de todos los colores, los invitados reclaman el agua que les rocían desde lo alto de grandes camiones cisterna.  

El secreto está en el agua y el volumen de la música, por eso se instalan los más potentes equipos de sonido, responsables de atraer a todos al Culeco… Ya se imaginarán que aquellos que tras la emoción vivida en la noche prefieren dormir, no lo logran, pues no hay tapones que silencien ese ritmo que no cesa…

...y a deducir por la gran cantidad “coolers”, es decir, de neveras portátiles, que inundan el área del Culeco, cabe suponer que la cerveza, el seco y el ron se consumen a galones para apagar la sed o quizás para mantener un cierto grado de “desconexión parcial” de la realidad… En esos momentos es cuando el pueblo presente entra en una anhelada catarsis que le da sentido a todo; Una verdadera terapia descongestiva que le permite soltarse por completo y además con Visto Bueno real y “oficial”.
Así pues,  el Carnaval, como sucede en muchas culturas, aquí se vive como un pase a la libertad momentáneo; un descanso al formalismo al que nos obliga la vida diaria, que lleva a muchos a lo que -en buen panameño- se conoce como el “destrampe”.  Lo lamento, hay que vivir en Panamá para comprender el concepto en su totalidad, pero obviamente se trata de una tipología de "desorden" festivo que, si bien le da sentido a la actividad, a muchos los lleva inexorablemente a regresar a su hogar con un buen resfriado, jaquecas u otras consecuencias más comprometedoras...

…Como sea, cada quien lo vive a su manera...

4. Alternativas al desorden carnavalesco
Hay quien opta por vivir la Semana de Carnaval en un retiro espiritual, aprovechando que hay una semana libre y que se acerca la cuaresma.

 
Otros, que en su tiempo libre lo que buscan es tranquilidad (como es en mi caso), el Carnaval es ideal para hacer turismo o para ir a descansar en la playa o en la montaña…
 
5. Pero sea como sea, todos vamos Rumbo al Carnaval!

Sí. Se acerca el 13 de febrero, así que todos estamos rumbo al Carnaval. Sea cual sea lo que hagan durante el mismo, en Panamá es algo que no podemos negar…

Se siente en el ambiente, se siente en las redes sociales, se siente en las conversaciones de pasillo, se siente en el aire… Y por si a alguien le quedaba alguna duda, iniciaron las actividades previas a la fiesta,  que ya van anunciando lo que llega, como las Izadas de Bandera, los ensayos de las tunas o las Galas, como la Gala de Reinas, que fue el pasado viernes, en la Ciudad de Panamá, que por vez primera concentró a una retahíla de Reinas de Carnaval juntas en una sola fiesta, ¿se lo imaginan?

 
El Centro de Convenciones Vasco Núñez de Balboa del Hotel el Panamá, a pesar de su gran tamaño, quedó atestado de gente,  en la que fue la Primera Gala de Reinas de Carnaval. ¡Qué locura! La noche reunió a nada menos que 29 de las Reinas de Carnaval de la República de Panamá, en una concentración de plumaje que nunca antes había sido vista…

El evento se llenó primero con sus cientos de invitados, entre ellos, las autoridades de Turismo, Municipales y de Carnaval, pero el lleno lo completaban los familiares de todas las participantes y,  sobre todo, sus séquitos. Éstos, compuestos de los indispensables estilistas, diseñadores de vestuario, asesores y demás expertos,  sin los cuales el resultado jamás sería el mismo.

Bajo el sonido de la “murga” más auténtica y “carnavalera”,  la sala se tornó en una inmensa pasarela que no cesaba de crecer, hasta que todo quedó atestado con ese tejido multicolor en constante movimiento, con todos los colores posibles que alguien puede imaginar.

Todos los medios informativos, fotógrafos y periodistas presentes estallaron en una explosión de flashes y se “prendió” el evento con la salida de la primera reina… La aparición de soberanas no cesaba, en un desfile bajo estallidos de confeti, música y aplausos… Hubo un momento en que los presentes ya no sabían hacia a dónde apuntar sus celulares…

Y qué decir del donaire de las soberanas, nos dieron una lección de amor por las tradiciones, especialmente alguna que cargaba estructuras inmensas sobre sus hombros o alrededor de sus rodillas y que, no por ello,  dejó de bailar ni un momento, al ritmo de la murga y con sus brazos en alto todo el tiempo para lanzar los más elegantes saludos a los presentes, siempre con una inmensa sonrisa. Hay que admitirlo, fue espectacular.

Pero con este evento, apenas vivimos una presentación sin precedentes que -para colmo- no fue sino una mera antesala… Un aperitivo para el “gran momento”, en el que todas esas plumas volverán a abanicar el ambiente,  durante las noches y días de la semana más esperada y disfrutada en este país… con su reválida en año nuevo y en otras festividades en las que se invita a la soberana a presidir el evento… Esto no cesa.

6. Una vida de Reina

La vida de una Reina no solo se vive entre plumas, pues debe tener vestuario para cada ocasión. Es así como logra emocionar de veras, regalando momentos muy esperados; Como cuando deja sus plumas y las cambia momentáneamente por un elegante vestido largo,  de noche, con brillo, telas satinadas, intrincados recogidos y mucho lujo de complementos, eso sí, los elevadísimos tacones y el laborioso maquillaje se deben mantener, “Reina es Reina”,  dicen los expertos.

Y diría que nada se compara a la emoción que suscita la entrada de Su Majestad en un traje típico! Una reina empollerada, con la corona entre tembleques, mostrando su pollera con esa gracia heredada,  que muy pocos podrían alcanzar a imitar… Sin duda alguna, en la noche típica, en pleno corazón del carnaval, cuando la Reina sale en su pollera es cuando tenemos la suma de todos los lujos.  

En cualquier caso, deben saber que no se trata tanto de lo que una reina lleve, sino de cómo lo luzca... No se trata tanto de cuánta gente haya en una tuna, sino de qué tan acompasados canten y la acompañen.

Así pues, a quienes se preguntan cómo logra la República de Panamá esa magia año tras año, parando el país para dar paso a esta fiesta única, que atrae a locales y a turistas y que lleva irremediablemente a vivir el Carnaval,  de día y de noche, por grandes y pequeños, año tras año, les diré que, como la mayoría de logros en la vida, es Cuestión de Actitud.

 

 

viernes, 16 de enero de 2015

DE LA FALTA DE RESPONSABILIDAD Y OTRAS TRADICIONES


A diario se oyen críticas sobre los defectos de actitud a nivel social, laboral y familiar que, según parece,  definen el carácter general en nuestras tan latinas latitudes.

 
Resulta especialmente triste, que las gotas más ácidas en una charla las vierta alguien autóctono del país criticado. Un gesto que se podría percibir como una demostración de “auto-crítica”, lo que no deja de ser un rasgo admirable, del que todos deberíamos tratar de gozar, pero sospecho que con frecuencia se trata de un reflejo de la honestidad del conformista (o conformado) ante una fatalidad, lo cual me resulta un rasgo algo desalentador. Podría incluso ser algo peor.
 

En la República de Panamá, por ejemplo, es habitual escuchar de la propia voz de un panameño las más duras críticas sobre la cultura de este hermoso país, con frases como “qué desastre, así es el panameño” (hablando de la propia cultura en tercera persona)  o “es horrible, pero así somos en Panamá” (en este caso,  con  menos miedo a identificarse con lo observado). Una postura generalizada entre los sectores más profesionales en el sorprendente país que “Une al Mundo”.

Es correcto afirmar que, bien lejos de lo que pudiera parecer a un observador externo, no todos los que tienen esta visión fatalista eluden sus responsabilidades,  sino que muchos practican la observancia consecuente, quizás como como terapia de resistencia a los males del entorno. Pero tampoco podemos negar que,  además de este selecto colectivo, hallaremos a más de dos y más de tres que se “hamaquean” en estos argumentos, solo para justificar sus propias faltas. Para éstos, se trata de cubrirse con manto de hipocresía, para enmascarar lo que de veras los define: pura “lisura”;  o en un castellano más universal, mera desfachatez.

Veamos, no podemos generalizar, al menos no en exceso. Hay casos  y “cosas”…
Hay una serie de licencias “locales” que, si bien para quienes acaban de llegar de otros lares pueden ser motivo de desesperación, desconcierto e incluso indignación, creo que  deberíamos aceptarlas  y respetarlas:
Por ejemplo, hallamos esas “concesiones” de "calendario" que afectan el ritmo operativo del país, cuya finalidad real es la de preservar homenajes, festividades y tradiciones culturales, pero debido a cómo afectan el calendario laboral, especialmente en Panamá,  resultan un verdadero veneno para la continuidad de proyectos. Algunos de estos “parones” en el calendario anual, pueden llevar consecuencias devastadoras para la eficiencia y la competitividad,  llegando incluso a imposibilitar la realización de algo que ya se había acordado.

Y si bien incluso a mí me resultaba un verdadero fastidio hace unos años atrás, con el tiempo aprendí  que esto es parte de la energía que preserva valores esenciales y diferenciadores, así que descubrí que en realidad, contra todo pronóstico, es algo positivo.

¿No es maravilloso que el pasar de  los años nos pueda tornar más pacientes, flexibles, tolerantes y  reflexivos?… es cuando miramos atrás y vemos nuestro “yo anterior” con cierta compasión, porque lo tan equivocado y lleno de estúpida inmadurez que estaba.

Siguiendo con esas concesiones que a día de hoy me siento lista para aceptar, debemos traer a colación la más frecuente de ellas… Esa tendencia inevitable de la falta de previsión del uso del tiempo personal,  que lleva inexorablemente a tantos y tantas a perder horas de su valioso tiempo libre realizando largas filas en bancos…  En estos casos, cuando solamente se fastidia el autor de su falta de previsión, hasta cierto punto,  es aceptable. Dicho de otro modo, ¿Quién soy yo para juzgar como desean las personas emplear su tiempo libre?

Pero por más que trepe mi consciencia a un plano más espiritual y me llene de misticismo, lo que no alcanzo a aceptar es todo lo anterior, cuando irrumpe negativamente en el bienestar de terceros.

 
La falta de compromiso -especialmente desde la masificación del uso del chat telefónico  que nos lleva a llegar tarde, desatender citas y faltar a cualquier tipo de compromiso- debe dejar de ser un rasgo común, hoy mismo! Sobre todo si pretendemos que el futuro sea mejor que el presente… Esto es  algo grave que demanda medidas urgentes.
Todos podemos vivir situaciones impredecibles, pero con esos a quienes todos los días les sorprende que salga el Sol, tenemos claramente un patrón, que actúa como verdadero patógeno social afectando la productividad nacional y limitando las opciones individuales de los profesionales y las personas. Y lo último, amigos, es lo peor.  

Los alérgicos a las responsabilidades, “literalmente” roban oportunidades a otros. Taparse los ojos ante una realidad es un crimen cuyos autores por lo general salen impunes pero en ocasiones les caen en plancha las consecuencias de sus actos. Entonces tenemos letanías que inician con “¿por qué a mí?”. ¿Entonces? ¿Creías que no ver las víctimas ni conocer a las víctimas de tus atrocidades te mantenía en santidad?

Ay amigos, en esos casos y, ojo, de forma más o menos consciente a todos nos podría suceder,  lo ideal, en vez de cuestionarse “por qué” es mejor  preguntarse:

 “¿PARA QUÉ ME PASA ESTO?”.

La respuesta podría darse en copy/paste [Para que no vuelvas a darle a la espalda a tus responsabilidades y compromisos, asegurándote que a futuro tu vida pueda ser más relajada y con mayores satisfacciones, por lo menos emocionales… (¡Que no es poco!)] 

Si la gente supiera cuánto poder tienen en sus manos -a diario- para transformar sus propias vidas, otro gallo cantaría a muchos…  Pero por desgracia, la gran mayoría de las personas crecen sin que nadie les devele esta realidad y bien al contrario, a lo largo de su vida reciben refuerzos constantes para que mantengan su mediocridad a flote.

Conozco a varias personas que por más que estudiaron y se esforzaron mucho, sus faltas constantes en sus compromisos los estancaron incomprensiblemente…  Debo admitir que me encantaría ver cómo se curan de esta enfermedad, porque por lo general son buenas personas, con buen corazón, pero inevitablemente son adictos al virus de la falta de Compromiso. Es doloroso ver a alguien con las puertas abiertas hacia un futuro prometedor, atorado en este arrecife…

Pero cuando el diabólico patógeno de la falta de compromiso ataca a alguien, actúa como una droga, creando adicción de tipo A, cuyos efectos más visibles son constantes ataques de angustia, con verborrea de excusas y pretextos y una síndrome de abstinencia que los lleva a mostrarse –momentáneamente- como alguien serio, formal y educado,  para lograr que algún incauto les regale una nueva dosis de confianza…

Me doy cuenta de que lo último podría verse como un camuflaje, lo que me lleva a pensar que en ciertos casos no tenemos a una víctima, sino a un depredador. Supongo que la diferencia está en el verdadero corazón del individuo… pero en cualquier caso su estela es nefasta.

Puede que conozcamos a personas así, incluso que nosotros mismos padezcamos este mal, pues la voluntad es una elección libre. Si es así, propongámonos hoy romper esas cadenas y ayudemos a nuestros seres queridos, familias y a este país a crecer de veras, desde abajo, con sostenibilidad, y sin dejar de ser quienes somos.

Según los más expertos, bailar en el sendero del éxito, suele ir de la mano con mantener o preservar lo que nos hace únicos sin por ello dejar de asumir nuestras responsabilidades, es decir, hay que manejarlo todo al mismo tiempo. Por lo tanto, lograr ser alguien “auténtico” (lo cual nos ayuda a ser más felices), solo se mantendrá si va de la mano con vivir como alguien “comprometido” (lo que está demostrado que trae satisfacciones).

Considerando lo anterior, lograr convertirse en alguien felizmente exitoso es sin duda alguna,  como todas las cosas importantes en esta vida, cuestión de actitud.

miércoles, 8 de enero de 2014

La Navidad Catalana… la dulce escuela del saber esperar

Cuando era pequeña, el adviento tenía varios elementos especiales, empezando por el calendario en cuyas casillas diarias hasta el 25 de diciembre, se escondía una sorpresa de chocolate. Un dulce premio “al saber esperar”.

Esta era una de tantas señales de que estábamos en Adviento, aprendiendo a esperar cosas buenas. Como construir el Pesebre (en Panamá: Nacimiento), una obra “a todo meter” que una vez culminada, me daba la misión diaria de  ir acercando a los Tres Reyes Magos de Oriente hacia el establo… Y créanme, me aseguraba de que esos tres reyes de barro avanzaran de verdad, así fuera un poquito cada día, hasta el 6 de enero,  fecha en que ellos adorarían al niño Jesús trayéndole Oro, Mirra e incienso como los más preciados presentes.

El Día de Reyes fue una de las fechas más importantes a lo largo de mi infancia. Y si somos justos, el verdadero “saber esperar” me lo enseñaron estos tres señores tan elegantes y sofisticados.

Melchor, Gaspar y Baltasar hicieron de mí una niña con más paciencia. Acumulando emociones en ascenso hasta que llegara la noche del 5 de enero. Esa noche, con los papás, con mis abuelos y mis tíos, con la vecinita y su hermana… todos en la calle, con el farolito en mano, la vela prendida, todas las familias del pueblo esperando que llegaran los Reyes Magos….

Bajo la caída de los copos de nieve no sentías el frío ya que el corazón latía tan fuerte que hasta el gorro “pasamontañas” de lana con la borla picaba en las mejillas. Pero como los adultos decían que hacía frío ahí se quedaba, el gorro, la bufanda y los guantes puestos y la emoción prendida como la chispeante vela del farolito de bienvenida que sujetabas con ese palito metálico.

Pero no se crean, recibir los regalos de los Reyes no era solo cuestión de dejar que pasara el tiempo del calendario, no señor, éstos se tenían que ganar. Esto era parte de aprender que la “vida no es sencilla” y las cosas buenas se ganan con esfuerzo, pasión y excelencia. Los requerimientos eran básicamente tres:

1) Portarse bien durante el año  (si te habías portado mal te iban a regalar carbón de azúcar, esto era un hecho. La proporción de regalos/carbón iría en función de qué tan bien o mal te portaste ese año. Los jueces: Los Reyes Magos, hombres muy sabios que todo “lo saben” porque “todo lo ven”,  saben incluso más que papá y mamá)

2) Escribirles una carta, dándoles razones de por qué esta niña se “merecía” recibir los regalos. También había que definir bien los juguetes que pedías, pues en esta vida hay que saber vender una idea y hay que definir bien los términos de un trato. Los dibujos de apoyo ayudaban mucho. En esta tarea el apoyo de mi papá era crucial, porque siempre fue muy bueno dibujando y dedicándole tiempo a cosas tan súper importantes como ésta! En mi caso, yo jugaba con ventaja. El aprendizaje era lo importante que es en esta vida aliarse con el socio más adecuado.

3) Y por último, una tarea de alta responsabilidad relativa al protocolo de bienvenida. En esta tarea mi aliada era mamá, quien siempre fue una experta anfitriona, elegante y muy detallista a la hora de recibir. Tengan en cuenta que para Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, la noche del 5 de enero  era muy larga y agotadora, debían subir muchos balcones y llegar a muchos hogares.  A la postre era clave dejarles un buen sabor para que el otro año quisieran regresar. Gracias a esta experiencia hoy entiendo muy bien que es el CRM (Customer Relationship Management)

Pero si de personajes navideños propios de mi cultura hablamos, el verdadero protagonista del adviento (y el que más trabajo me daba) era el “Tió”. Ese simpático “tronco”, que tras semanas de cuidados, en la noche del 24 de Diciembre, conocida en Cataluña como Noche de Navidad (que no Nochebuena) recibía bastonazos al ritmo de la canción le pedíamos a gritos que “defecara lindos regalos, turrón de almendra y de piñones y de chocolate…” porque si no lo hacía recibiría más bastonazos. Durante todos los diciembres de mi infancia, cuidé y alimenté diario a mi “Tió de Nadal”, manteniéndolo bien abrigado bajo su mantita… al llegar el 24, cuanto mejor lo hubiese cuidado, más regalitos traería!

Claro que los regalitos del “Tió” no eran regalos como los que traían los Reyes Magos! Eran juguetes más pequeños, cariñitos varios y todos los turrones y dulces que íbamos a comer por navidad!  De él, tenemos una doble lectura: hay días que lo veo como un plato fuerte y crudo, si en esta vida te cepillan mucho, te traen comida, dulces y te hacen tanto caso, debes ver el contexto no sea que todo sea un show para apalearte y quitarte todo lo que tengas de bueno…  La lectura menos ceniza es la de que debes cuidar y dar para luego recibir. Ustedes mismos!

Pero no puedo cerrar esta lista de personajes del adviento más pedagógico del mundo, sin hablarles del “indecente personaje escondido” de nuestro Pesebre, el toque más irreverente de la tradición, ese campesino que está en un rinconcito haciendo sus necesidades mientras lee el periódico, conocido por todos los catalanes como “El Caganer”. Se ha convertido en un elemento imprescindible en todos los hogares y los venden de todos los tamaños, colores y personajes.

Medieval, rústico e incluso escatológico, así es el espíritu que conforma las tradiciones navideñas en Cataluña. Sorprendente para muchos, ésta es la forma en que los Catalanes vivimos la navidad y educamos a los más pequeños para que crezcan con creatividad, valores auténticos y con ese “Saber esperar” que le da toda la ventaja al tigre. La impaciencia solo trae llantos y las prisas son muy malas consejeras. Si no es a base de hábitos que nos lleguen desde la infancia corremos el riesgo de tener que aprender estas cosas de adulto y a base de verdaderos golpes. Es por eso que debemos vivir la navidad, en los hogares con niños, haciendo uso de los elementos pedagógicos que ésta nos brinde. No hablamos de comprar toneladas de regalos, ni gastar en decoraciones costosas, eso no sirve de nada, al menos de nada  bueno. Se trata de educar.

En mi tierra natal, junto al árbol, las posadas y la decoración navideña suceden estos eventos tan “No-Globalizados” que nos hacen ser quienes somos y cómo somos. Incomprendido o no, el conjunto conformado por el tronco “Tió” que “defeca pequeños presentes” y el campesino que hace sus necesidades en un rincón del Pesebre, a los catalanes nos parece algo tierno, simpático y que merece amor, cuidado y preservación.

Y si echamos la vista al mundo más globalizado, quiero pensar que la mascota de esa bebida refrescante que se auto-proclama la chispa de la vida, ese supuesto primo de Santo Nicolás, que la famosa marca bautizó como Santa Claus, aún no ha logrado barrer con las verdaderas tradiciones, al menos, no del todo!  Digo, sobre el señor de la barba vestido de rojo -no nos engañemos-  sé que lo inunda todo, Marketing es Marketing y como profesional de tema, no lo voy a discutir (al menos no más de lo que ya hice por hoy).

En cualquier caso, con mayor o menor entusiasmo, es en esto en lo que andamos todos, año tras año, regresando a vivir el Tiempo de Adviento, cada quien a su estilo, en este sancocho de tradiciones que nos tocó, tratando de ir a tiempo, con un calendario apremiante que nos borró el 13 a toda a velocidad y que ha escrito un imperativo 14. Lo que no es malo del todo, pues en el mundo de hoy el tiempo es muy valioso, otra lección que nos toca asimilar y gestionar a nuestro favor…

Al final del día, hacer de la Navidad un tiempo de Paz y Amor no dependerá de ninguno de los citados, sino que como todas las cosas importantes de la vida, es cuestión de actitud.