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miércoles, 23 de julio de 2014

CUÍDATE DE LAS PERSONAS NEGATIVAS





Este post tiene tres objetivos:

1) Contribuir a combatir la peor epidemia que vivimos en nuestra sociedad: LA NEGATIVIDAD.

2) Ayudarte a detectar a las personas negativas, para que sepas protegerte de sus agresiones y de los diversos agravios que puedan ocasionarte.

3) Ayudarte a identificar a las personas positivas para que te rodees de este tipo de seres humanos, algo que favorecerá tu calidad de vida.

La idea de todo esto es que hoy potencies tu propio grado de positivismo y  te conviertas en el capitán de tu bienestar.

Las personas negativas suelen vivir sin ser conscientes de ello, sin embargo se cierran puertas y cierran puertas a otros y su conducta es altamente contagiosa. Por lo general, viven estancados en una franja “gris” y suelen justificar su falta de iniciativa colocándose a sí mismos como víctima de cada situación.

Veo la negatividad como una enfermedad del espíritu, que lleva a las personas a dar por sentado que cada prueba está destinada al fracaso,  o a una mala resolución,  lo que los lleva a preparar su “defensa” a ese embate que ni tan siquiera es real,  porque no ha tenido lugar.  Lo trágico es que en su empeño por encontrar barreras y problemas, sus acciones de defensa los llevan finalmente a CREAR el problema donde no lo había. 



CÓMO RECONOCERLOS

  • Por lo general, aunque gocen de salud y hayan podido culminar sus estudios (por ejemplo) nunca se ven felices con su situación de vida.
  • No suelen alcanzar logros destacables, ni emprenden proyectos en los que deban tomar las riendas, o responsabilidades reales.
  • Atraen a otras personas negativas. Por ejemplo, buscan parejas sentimentales de las mismas características, alguien que los "ayude" a convencerse de lo mala que es su vida.
  • Buscan elementos que justifiquen el problema, alejándose de la solución.
  • Esperan el reconocimiento -y el apoyo- de otros, sin alcanzar metas ni logros. Parece nada práctico y absurdo, pero en la oscura lógica del negativo, cuando no les llegan aplausos ni reconocimientos lo usan para "demostrar" el “injusto rechazo” que reciben de los demás. 
  • Suelen dificultar la existencia de otros con su inamovilidad e inercia negativa. 
  • Un empleado negativo, por ejemplo,  justificará a diario su trabajo alegando dramáticamente que hizo lo “imposible” en cada situación, pero tiene una habilidad “paranormal” de hallar una justificación de cada tema en el que no avanza, o de señalar a otros como responsables de su fracaso.
  • Son personas que dedican más tiempo y energía en hallar palos entre las ruedas que justifiquen la falta de avance del carro,  que en sentarse y darle a la llave de contacto.
  • Los hay que se camuflan de "abnegados", esos son terribles, porque no los ves venir hasta que ya te formaron un enorme problema, incluso donde no había ni posibilidades de ello.
La realidad es que, en materia de trámites, tareas, proyectos…cada problema tiene como mínimo, una solución, pero si la solución de veras no existe, más que un problema hallaste un punto muerto del que deberás retomar el camino hacia una nueva dirección, así de sencillo.

Es decir, cuando alguien con salud y libertad no avanza, suele ser fruto de su decisión.

RECONOCE A LAS PERSONAS POSITIVAS

Regálate la oportunidad de ser feliz y exitoso en tus proyectos de vida, ya sean familiares, profesionales o sociales de tu barrio o ciudad.  Rodéate de personas positivas, porque saben que para cada problema existe alguna solución y se enfocan en la segunda y no en el primero. Sé tu el primero es volverse la versión más positiva de ti mismo. 


Reconocerás a las personas POSITIVAS, porque suelen cumplir con estas diez características:


1.     LLEVAN UNA VIDA SALUDABLE: Se caracterizan por saber terminar con lo que no es saludable en sus vidas, poniendo fin a todos los elementos nocivos, tóxicos o que de alguna forma les quitan salud y calidad de vida (incluyendo relaciones tóxicas)
2.     CONSTRUYEN SU VIDA: En vez de esperar a ver si tienen “un buen día” toman una posición activa y se enfocan en construir su día a día para que sea mejor.
3.     DEJAN ATRÁS EL PASADO: Para las personas positivas, el pasado se queda en el pasado pues ni tiempo tienen para pensar en él, se enfocan en sus nuevas vivencias
4.     SON AGRADECIDOS: Dicen los sabios “Muéstrame a una persona positiva y te podré mostrar a una persona agradecida”. Las personas positivas son las más agradecidas porque lejos de enfocarse en los baches de sus vidas, valoran los tesoros por descubrir.
5.     ACEPTAN LOS RETOS: No se dejan atrapar por sus limitaciones, motivadas por el abanico de posibilidades que siempre tienen (no lo inventan, es real porque ellos se conceden tenerlo).
6.     SACUDEN EL MIEDO: No dejan que sus miedos interfieran en sus vidas (dejar entrar el miedo es ponerse una barrera voluntaria a conocer cosas nuevas y experimentar) pues confían en su capacidad personal de superar escollos, bajar barreras y hallar soluciones. Esto les ayuda a vivir con plenitud.
7.     SONRÍEN: Las personas positivas sonríen mucho. Además su sonrisa es contagiosa por lo que repercuten positivamente en quienes lo o la rodean.
8.     SE SABEN COMUNICAR: Las personas positivas suelen ser buenos comunicadores, algo que les ayuda a resolver muchas situaciones en su vida que implican a terceros.
9.     SABEN VIVIR SUS EMOCIONES: Las personas positivas son capaces de vivir todo tipo de emociones, incluso el llanto. No se confunda ser positivo con estar siempre feliz… incluso alcanzar la felicidad pasa por permitirse  todo el abanico de emociones vitales, incluidos los momentos de lógica tristeza o duelo.
10.  JAMÁS SE VICTIMIZAN: Las personas positivas se niegan a culpar a otros y nunca se sienten víctimas de la vida. 

Al fin y al cabo, solucionar las dificultades del día a día y llevar tus acciones a un punto de éxito, como todas las cosas importantes en la vida, es cuestión de actitud. 


miércoles, 15 de enero de 2014

La imagen personal como indicador de valores (y más)

Uno de los debates más recurrentes en un contexto relajado social, suele ser la imagen personal. Siempre hay alguien que defiende la premisa de que la misma debe ser fruto de la expresión libre de la personalidad de uno, sin importar el efecto que cause sobre los demás, alegando que es ésta la actitud sincera y honesta del individuo y por lo tanto, la correcta en el convivio social en comunidad. No puedo estar en mayor desacuerdo.

He escrito anteriormente en otras plataformas sobre este asunto y la verdad, no creo que se trate de un debate de opiniones, sino de conciencia. Tampoco considero que la libertad de pensamiento, credo o identidad cultural, todas ellas importantísimas y necesarias para el bienestar de una sociedad, tengan absolutamente nada que ver en este debate.
Esforzarse a diario para tener una imagen agradable a los demás requiere de la combinación proporcionada de inteligencia emocional, educación, salud mental y física, capacidad de observación del entorno y un enorme respeto tanto hacia uno mismo como hacia los demás. 

Si partimos de la premisa (no hagamos esto a la ligera) de que alguien con un mal aspecto o pésima imagen -a ojos de la mayoría que tratan a diario con ésta persona- no tiene ninguna enfermedad, ni física ni mental, ni es adicto a ninguna droga depresiva o alucinógena, ni está bajo tratamiento médico o psiquiátrico por algo grave, entonces, no tiene excusa.

Una persona saludable a quien no le importe ser agresivo u ofensivo a la percepción ajena de la mayoría de los mortales con quienes “decide” trazar su diario vivir, claramente, no ha sido bendecida con el regalo de la educación y los valores que ésta conlleva en su seno familiar, o bien, a pesar de haber recibido ésta y otras bendiciones, dicha persona es simplemente un completo o completa egoísta, que sólo piensa en satisfacer sus necesidades y que no le incomoda en lo absoluto causar un agravio a terceros, con su toma de decisiones, entre ellas, las que conciernen a su aspecto.

Si llegamos a este punto, nos topamos con el cruce de dos corrientes de actitud: el egoísmo y la falta de ética cultural y social.
El concepto del “amor al prójimo” parece ser el objeto de burla favorito para este tipo de individuo, quien solo puede convivir con personas que tengan las mismas carencias emocionales (lo cual no les garantiza la felicidad) o con personas que viven aterradas, sometidas a su voluntad. Porque los que queden fuera de cualquiera de estos dos grupos no van a tolerar la agresividad pasiva y la falta de respeto de alguien consciente que, con su imagen, anuncie públicamente que los demás no le importan en lo absoluto.

La libertad de uno termina donde comienza la del otro. Generalmente todos están de acuerdo en la premisa, el conflicto surge cuando una persona no tiene el valor de aceptar en qué momento terminó su espacio de libertad.

Hay que tener la inteligencia emocional en “modo estable” para tener la capacidad de detectar los límites de la sana convivencia o por lo menos haber sido exquisitamente educado bajo una disciplina casi extinta, porque hace casi 40 años que pasó de moda y que llevó a las nuevas generaciones a ser -demasiado a menudo- egoístas y maleducados, en proporciones catastróficas.

La esperanza de un mundo mejor en cuanto a imagen personal se refiere, hoy me la dan dos ideas: Una sería que “todo vuelve”, la cual encierra de forma optimista que no solo las modas regresan, los estilos de vida y actitudes también y el péndulo golpea extremos para hallar un término medio fruto de la fusión de ideas que, en manos de seres honestos y de buena voluntad, puede llevar al mundo a ser mejor y la otra idea es que la poderosa y gigantesca industria de la moda está educando a la sociedad en aspectos que fueron ajenos a la mayoría por generaciones y que programas como “No te lo pongas” “Diez años menos” o cómo me veo, están haciendo mella positiva en hombres y mujeres de nuestro mundo en nuestra sociedad, tan consumista.

Ojo, el consumismo es una fiera atroz de dos cabezas, el exceso y el pasotismo reivindicativo, ambos extremos son nocivos. Ojala aprendamos pronto a ser un mejor auriga, nivelando la necesidad de vernos bien, es decir, saludables y agradables a los demás, contra exageradas exigencias de consumo que más que sumar, nos restan.

Al final del día, sumar éxito emocional, social y económico en nuestras vidas a través de nuestra imagen es, como todas las cosas importantes en nuestra vida, Cuestión de Actitud.

miércoles, 8 de enero de 2014

La Navidad Catalana… la dulce escuela del saber esperar

Cuando era pequeña, el adviento tenía varios elementos especiales, empezando por el calendario en cuyas casillas diarias hasta el 25 de diciembre, se escondía una sorpresa de chocolate. Un dulce premio “al saber esperar”.

Esta era una de tantas señales de que estábamos en Adviento, aprendiendo a esperar cosas buenas. Como construir el Pesebre (en Panamá: Nacimiento), una obra “a todo meter” que una vez culminada, me daba la misión diaria de  ir acercando a los Tres Reyes Magos de Oriente hacia el establo… Y créanme, me aseguraba de que esos tres reyes de barro avanzaran de verdad, así fuera un poquito cada día, hasta el 6 de enero,  fecha en que ellos adorarían al niño Jesús trayéndole Oro, Mirra e incienso como los más preciados presentes.

El Día de Reyes fue una de las fechas más importantes a lo largo de mi infancia. Y si somos justos, el verdadero “saber esperar” me lo enseñaron estos tres señores tan elegantes y sofisticados.

Melchor, Gaspar y Baltasar hicieron de mí una niña con más paciencia. Acumulando emociones en ascenso hasta que llegara la noche del 5 de enero. Esa noche, con los papás, con mis abuelos y mis tíos, con la vecinita y su hermana… todos en la calle, con el farolito en mano, la vela prendida, todas las familias del pueblo esperando que llegaran los Reyes Magos….

Bajo la caída de los copos de nieve no sentías el frío ya que el corazón latía tan fuerte que hasta el gorro “pasamontañas” de lana con la borla picaba en las mejillas. Pero como los adultos decían que hacía frío ahí se quedaba, el gorro, la bufanda y los guantes puestos y la emoción prendida como la chispeante vela del farolito de bienvenida que sujetabas con ese palito metálico.

Pero no se crean, recibir los regalos de los Reyes no era solo cuestión de dejar que pasara el tiempo del calendario, no señor, éstos se tenían que ganar. Esto era parte de aprender que la “vida no es sencilla” y las cosas buenas se ganan con esfuerzo, pasión y excelencia. Los requerimientos eran básicamente tres:

1) Portarse bien durante el año  (si te habías portado mal te iban a regalar carbón de azúcar, esto era un hecho. La proporción de regalos/carbón iría en función de qué tan bien o mal te portaste ese año. Los jueces: Los Reyes Magos, hombres muy sabios que todo “lo saben” porque “todo lo ven”,  saben incluso más que papá y mamá)

2) Escribirles una carta, dándoles razones de por qué esta niña se “merecía” recibir los regalos. También había que definir bien los juguetes que pedías, pues en esta vida hay que saber vender una idea y hay que definir bien los términos de un trato. Los dibujos de apoyo ayudaban mucho. En esta tarea el apoyo de mi papá era crucial, porque siempre fue muy bueno dibujando y dedicándole tiempo a cosas tan súper importantes como ésta! En mi caso, yo jugaba con ventaja. El aprendizaje era lo importante que es en esta vida aliarse con el socio más adecuado.

3) Y por último, una tarea de alta responsabilidad relativa al protocolo de bienvenida. En esta tarea mi aliada era mamá, quien siempre fue una experta anfitriona, elegante y muy detallista a la hora de recibir. Tengan en cuenta que para Sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente, la noche del 5 de enero  era muy larga y agotadora, debían subir muchos balcones y llegar a muchos hogares.  A la postre era clave dejarles un buen sabor para que el otro año quisieran regresar. Gracias a esta experiencia hoy entiendo muy bien que es el CRM (Customer Relationship Management)

Pero si de personajes navideños propios de mi cultura hablamos, el verdadero protagonista del adviento (y el que más trabajo me daba) era el “Tió”. Ese simpático “tronco”, que tras semanas de cuidados, en la noche del 24 de Diciembre, conocida en Cataluña como Noche de Navidad (que no Nochebuena) recibía bastonazos al ritmo de la canción le pedíamos a gritos que “defecara lindos regalos, turrón de almendra y de piñones y de chocolate…” porque si no lo hacía recibiría más bastonazos. Durante todos los diciembres de mi infancia, cuidé y alimenté diario a mi “Tió de Nadal”, manteniéndolo bien abrigado bajo su mantita… al llegar el 24, cuanto mejor lo hubiese cuidado, más regalitos traería!

Claro que los regalitos del “Tió” no eran regalos como los que traían los Reyes Magos! Eran juguetes más pequeños, cariñitos varios y todos los turrones y dulces que íbamos a comer por navidad!  De él, tenemos una doble lectura: hay días que lo veo como un plato fuerte y crudo, si en esta vida te cepillan mucho, te traen comida, dulces y te hacen tanto caso, debes ver el contexto no sea que todo sea un show para apalearte y quitarte todo lo que tengas de bueno…  La lectura menos ceniza es la de que debes cuidar y dar para luego recibir. Ustedes mismos!

Pero no puedo cerrar esta lista de personajes del adviento más pedagógico del mundo, sin hablarles del “indecente personaje escondido” de nuestro Pesebre, el toque más irreverente de la tradición, ese campesino que está en un rinconcito haciendo sus necesidades mientras lee el periódico, conocido por todos los catalanes como “El Caganer”. Se ha convertido en un elemento imprescindible en todos los hogares y los venden de todos los tamaños, colores y personajes.

Medieval, rústico e incluso escatológico, así es el espíritu que conforma las tradiciones navideñas en Cataluña. Sorprendente para muchos, ésta es la forma en que los Catalanes vivimos la navidad y educamos a los más pequeños para que crezcan con creatividad, valores auténticos y con ese “Saber esperar” que le da toda la ventaja al tigre. La impaciencia solo trae llantos y las prisas son muy malas consejeras. Si no es a base de hábitos que nos lleguen desde la infancia corremos el riesgo de tener que aprender estas cosas de adulto y a base de verdaderos golpes. Es por eso que debemos vivir la navidad, en los hogares con niños, haciendo uso de los elementos pedagógicos que ésta nos brinde. No hablamos de comprar toneladas de regalos, ni gastar en decoraciones costosas, eso no sirve de nada, al menos de nada  bueno. Se trata de educar.

En mi tierra natal, junto al árbol, las posadas y la decoración navideña suceden estos eventos tan “No-Globalizados” que nos hacen ser quienes somos y cómo somos. Incomprendido o no, el conjunto conformado por el tronco “Tió” que “defeca pequeños presentes” y el campesino que hace sus necesidades en un rincón del Pesebre, a los catalanes nos parece algo tierno, simpático y que merece amor, cuidado y preservación.

Y si echamos la vista al mundo más globalizado, quiero pensar que la mascota de esa bebida refrescante que se auto-proclama la chispa de la vida, ese supuesto primo de Santo Nicolás, que la famosa marca bautizó como Santa Claus, aún no ha logrado barrer con las verdaderas tradiciones, al menos, no del todo!  Digo, sobre el señor de la barba vestido de rojo -no nos engañemos-  sé que lo inunda todo, Marketing es Marketing y como profesional de tema, no lo voy a discutir (al menos no más de lo que ya hice por hoy).

En cualquier caso, con mayor o menor entusiasmo, es en esto en lo que andamos todos, año tras año, regresando a vivir el Tiempo de Adviento, cada quien a su estilo, en este sancocho de tradiciones que nos tocó, tratando de ir a tiempo, con un calendario apremiante que nos borró el 13 a toda a velocidad y que ha escrito un imperativo 14. Lo que no es malo del todo, pues en el mundo de hoy el tiempo es muy valioso, otra lección que nos toca asimilar y gestionar a nuestro favor…

Al final del día, hacer de la Navidad un tiempo de Paz y Amor no dependerá de ninguno de los citados, sino que como todas las cosas importantes de la vida, es cuestión de actitud.