viernes, 27 de noviembre de 2015

DEL MIEDO AL CAMBIO



"Las masas humanas más peligrosas son aquellas en cuyas venas ha sido inyectado el veneno del miedo...del miedo al cambio". Octavio Paz.


Con estas palabras, el más relevante poeta y ensayista mexicano del siglo XX nos hizo una  hermosa invitación a escoger el camino correcto y aceptar los retos que integran cambios, especialmente en nosotros mismos, como único camino posible hacia un mundo mejor.



El texto de hoy puede ser algo pesado, pero es mi dura visión de la responsabilidad social individual, en la que creo con total firmeza. Veo a la responsabilidad social individual como algo inherente a nuestra propia existencia, sin embargo no todos entienden que su existencia vaya conectada a la de los demás… Somos causa y efecto para todo, no solo en aquello que hacemos de forma consciente, también en lo que negamos o tratamos de obviar…

Ante los temas que dominan el contenido en los medios y redes en estos días, hoy deseo hablarles de la gestión del miedo y de cómo, tomando el control de nuestra acción e inacción, podemos cambiar el mundo.


El objetivo de este texto de hoy es que quienes estemos dispuestos a esforzarnos para no ser unos completos cretinos, podamos adoptar un poco de esta responsabilidad individual que, a pesar de tener poco gramaje por sí sola, sumada a la de otros puede ser la balanza que incline al mundo.
La senda del miedo ya está bastante copada por los millones de seres humanos que ahora, en este momento, están siendo o han sido atacados en forma violenta, víctimas del odio que alimenta a todos los esclavos del sistema. La violencia del ser humano no hace diferencias y por lo general conlleva que sea la sangre de víctimas inocentes la que más se vierte, indistintamente de quien o quienes sean los responsables detrás de una acción violenta y menos aún, cual sea el motivo aparente de la misma. 


Vemos vídeos en las redes que nos pretenden educar o sensibilizar en cuanto al desarrollo de los conflictos territoriales, políticos y religiosos de nuestro mundo, pero todos suelen tener un común denominador, no sé si lo han notado, pero por lo general señalan a los hombres de poder, a los líderes de facciones o gobiernos como si fueran los únicos responsables de lo malo que sucede en este mundo. Creo en la suma del esfuerzo individual como solución a los males de nuestro mundo pero claro, ello es más incómodo porque no pone a nosotros en ese “vídeo”,  no a verlo, sino a "ser" los responsables de nuestra acción o inacción para sumar o restar en este mundo…

Cuando alguien logra sobrevivir físicamente al horror, apenas comienza su difícil tarea de sobrevivir emocionalmente a esa situación que jamás eligió vivir. Y hoy son muchos quienes a diario padecen bajo los hilos de un sistema mercantilista, indecente e inmoral que rige nuestro mundo. Pero hay otro tipo de miedo, el de aquellos que pueden elegir, el de aquellos que hoy se levantaron en su cama, o en la de un cómodo hotel y se bañaron, se vistieron agradablemente y desayunaron, porque tienen salud y tienen una rutina de vida que crearon con los años, siguiendo un libre albedrío que abaratan al quejarse de su textura. Hablo del miedo que tejen los que a pesar de estar en ese contexto de libertad de elección eligen el miedo como camino, ya sea para regocijarse en el sufrimiento o bien sea para crear ideas que lleven a otros a sentirlo.

Elegir el miedo con toda libertad, pudiendo elegir otros temas en los cuales enfocar nuestra energía, nos convierte en un tóxico para el mundo.


El camino del mal es tan sofisticado y dulce que suele comenzar de forma tolerada, en la voluntad de cada uno de nosotros,  en formas que a veces ni sospechamos. Si deseamos ser agentes positivos de cambio en este mundo, o por lo menos dejar de ser contaminantes o agentes de maldad, deberemos tomar consciencia de todo lo que hacemos, decimos y omitimos. Ello incluye desde las babosadas más nimias, hasta las peores decisiones o acciones. Y difundir el miedo no es para nada inocuo. Nuestra mente actúa como un acelerador de partículas creando una bomba vírica de ideas amenazadoras, convirtiéndonos así en detestables agentes nocivos en contra del bien común. S usted no es de esos, le aseguro que alguna vez conoció a alguien experto en el arte de aterrorizar y alarmar a los demás...


Ojo, es comprensible sentir miedo. El problema es cuando lo “fabricamos” irresponsablemente:   las personas somos capaces de crear en nuestra mente situaciones terribles que ni tan siquiera han sucedido. Al hacerlo, comenzamos a vivir esas situaciones en nuestra imaginación lo cual nos pone a sufrir (por voluntad propia). La consecuencia más grave de esto no es nuestro propio sufrimiento prefabricado “per se” sino que al hacerlo, al regocijarnos en el miedo, hallamos una forma de “justificar” la evasión de nuestras responsabilidades.

Tomar responsabilidad implica algo más de profundidad que simplemente alterar la calma a nuestro alrededor. Preguntémonos si  nosotros hacemos el bien, si es suficiente lo que le regresamos a la naturaleza por todo lo que nos da, o simplemente, ¿cómo podemos dejar de ser tóxicos o nocivos?

El nihilismo en el que vivimos, esa impasividad de nuestra sociedad de consumo cuya inacción comienza dentro de los hogares, edifica las peores actitudes en nosotros… Como seres humanos que somos, necesitamos hacer algo de catarsis después de haber acumulado tensión por causa de una situación que no controlamos directamente y que de alguna forma nos afecta, (como nos sucede tras una experiencia noticiosa de un hecho terrible), pero una vez te desahogaste y recuperaste el ritmo cardíaco, es importante reconocer que la realidad es un camino de oportunidades que tienes ahora en tus manos y que puedes hacer algo útil con ella.

A veces sería suficiente pasar por el tamizador socrático o la “Teoría de los tres Filtros”. Solo con que la mayoría usáramos este filtro a diario, el mundo ya sería un lugar mejor. Pero aun así, no sería suficiente… pues no basta con “dejar de hacer lo absurdo”, también hay que “actuar en pos del bien”.


Si bien como dijo William Shakespeare, “Es  mejor  ser  rey  de  tu  silencio  que  esclavo  de  tus  palabras." en palabras de Martin Luther King, les diré que “Lo  que  más  me  preocupa, no  es  el  grito  de  los  violentos, de  los  corruptos,  de  los  deshonestos. Lo  que  más  me  preocupa, es  el  silencio  de  los  pacíficos, de  los  honestos,  de  los  buenos.” 



Hoy llegaron cientos de miles de bebés al mundo sin atisbo de racismo, avaricia o agresividad en ellos. Nosotros somos los responsables de su futuro, para bien o para mal, su futuro está en nuestras manos. Esta es una idea sencilla y terrible a la vez, que lejos de asustarnos debería darnos un amable bofetón y activar en nosotros un mecanismo de inteligencia emocional asertiva. Así sea por ellos, valdría la pena replantearnos nuestras actitudes diarias. 

Pero darse el lujo de ahogarse en el miedo cuando la situación real te brinda OPCIONES es una falta grave que pasa factura. De entrada, acarrea lesiones emocionales, pues implica perecer voluntariamente, antes siquiera de ser víctimas de una situación y a la postre, abre puertas al desastre que finalmente podría acabar por tornarse en real;  Lo que hoy solamente es un miedo, si lo repetimos como mensaje lo haremos real,  porque nuestra vida estará enfocada solo a recibir una catástrofe en vez de hacer el bien o ser útiles.

Tres pasos para un mundo mejor

¿Cuál debe ser el camino de aquellos que hoy aún podemos elegir? Les propongo resolverlo en unos cinco sencillos pasos:

1-      Comprender que “poder elegir” es un privilegio.

2-      Aceptar que los privilegios no son gratis

3-      Auto proclamarse “agente de cambio”. Tomar consciencia de “mis acciones, mis palabras, mis miradas, mis tonos de voz y también de mis inacciones, rechazando en mi vida TODO lo que está mal.”

Pero ¿qué es lo que está mal?

A grandes rasgos, ya usted lo sabe perfectamente. Aunque no sea creyente ni religioso, los principios básicos de una conducta positiva están bien claros. Podemos comenzar por ir cortando esas actitudes en las que jamás es “uno” el responsable de una situación y la “culpa” siempre reposa en terceros pues ahí comienza el mal del mundo…

Transgredir las  “normas” éticas de responsabilidad social individual más básicas puede que otorgue ciertos placeres -pensarán algunos- pero suelen ser placeres momentáneos, que se componen de la  subida y la bajada (emocional) siendo la bajada más fuerte que la subida, con lo que actúan como una droga (es algo tóxico, dependiente y destructivo)

Si cumpliéramos esos tres puntos, quien sabe, quizás estaríamos siendo lo que la naturaleza espera y necesita de nosotros…

Hay cosas que son más urgentes que otras: si deseamos ser un agente de cambio debemos desde ahora mismo dejar por completo de valorar a las personas por sus posesiones, ya sean aparentes o reales. Y dejar de valorarnos a nosotros mismos en función de nuestros logros o consecuciones materiales.

Nuestro valor, el de cada uno de nosotros, radica en lo bueno que haya en nuestra consciencia y en nuestra acción, es decir, en lo que estemos aportando al mundo. Este mundo que nos cede el espacio para existir… Revisemos nuestra capacidad de amar y “dar”, como mínimo “a esos que impactamos a diario” y a respetarlos siempre.

Alerta: la sobre valoración de lo material incluye la formación, los títulos y la profesión.
Nuestra profesión es una herramienta que debe servir para hacer el bien, desde el campo profesional o de trabajo que sea, pero no nos hace mejores ni peores. Lo mismo sucede con nuestros estudios, pues si viviéramos con valores éticos, solo veríamos la formación como un deber para mejorar la calidad de nuestra acción diaria y no como una tarjeta de presentación social. Y en el caso de que tengamos un negocio, solo seremos parte de la solución en nuestro mundo si lo basamos totalmente en una normativa ética y de sustentabilidad.

El chiste aquí es que no importa que no te importe: elegir voluntariamente no ser agente de cambio positivo, te convierte automáticamente en agente nocivo. No se salvará el avestruz de la tormenta por poner la cabeza bajo tierra…  


Para gran parte de la humanidad el dinero supone la diferencia entre vida o enfermedad, carecer de él incluso lleva a la muerte. Esto debería cesar en nuestro mundo, idea en la que cuando pregunto, todos están de acuerdo. Sin embargo, pocos desean ver que esta realidad atiende a las circunstancias que nosotros mismos hemos creado a diario y seguimos creando.

El dinero es una herramienta de intercambio, pero quienes ya lo tienen y no sufren necesidades básicas,  curiosamente suelen tratarlo muy a menudo como si fuera un objetivo de vida y crean un desbalance salvaje que lleva a situaciones extremas, tanto de abundancia como de pobreza o esclavitud.

Algunos pensarán que este análisis lleva a defender un sistema político socialista o comunista pero nada más lejos de ello. La historia nos mostró que ese TAMPOCO es el camino. Sobran los cientos de casos en que la realidad ha desmontado estos sistemas de Gobierno.

En 2015 no se trata más de derecha, ni de izquierda, tampoco de “centro”. En 2015 la política debe tratarse de un garante democrático de EQUIDAD, SOSTENIBILIDAD y RESPETO.

Y finalmente, deberemos pasar con urgencia del MIEDO al CAMBIO porque cada vez que actuamos como agente de miedo, sembramos intolerancia, desprecio o corrupción, bloqueando las posibilidades de millones de seres humanos y colocando alfombra roja al mal. Y cada vez que por miedo a enfrentar nuestras responsabilidades no actuamos o rompemos principios básicos también co-creamos el mal del mundo.

De alguna forma, la mayoría personas “comunes” estamos bloqueando un sistema que genera pobreza. Y más allá de cualquier país, el problema se extiende a escala mundial.

Del miedo al cambio, como nos dicen palabras de Octavio Paz, ese es el único camino.


No se trata de ser imprudentes, ni los más osados, se trata de ser coherentes, valientes y consecuentes, mientras tengamos la opción de serlo. Al final del día, ser parte del problema o de la solución, será, para quienes tengamos la capacidad de comprender este mensaje, cuestión de actitud.      


lunes, 2 de noviembre de 2015

PATRIÓTICOS TRENDY: CON LAS CUTARRAS EN EL CORAZÓN




En una sociedad tan consumista como la nuestra, toda ocasión vale para comprarse algo nuevo. Si revisamos el calendario Panameño, veremos lo repleto que está de citas temáticas que, en su mayoría, son pretexto de “necesario gasto” tanto en atuendo como en decoración, en su mayoría superficiales, pero, la verdad, pareciera que sin ello la ciudadanía cae en un déficit de expresión personal… 


Entiendo que, para quienes saben aprovecharlo, este comportamiento, a menudo compulsivo, se traduce en ventas aseguradas para los comercios todo el año. Sin ir más lejos, en esta semana pasada miles de panameños salieron despavoridos a gastar lo que aún no habían cobrado, para comprarles un disfraz a sus niños… 


Para muchos es inadmisible crear tu propio disfraz o re-utilizar elementos para decorar tu casa; parecieran no saber en qué mundo viven, pero el caso es que al final, el gasto se percibe como ineludible y “justificado” entre las mentes de este tipo de ciudadano que de algún modo está solo conectado consigo mismo, alienado del mundo real.

Ojalá para el 2016 comiencen a integrarse actitudes más sostenibles… En mi infancia, en mi pueblo natal catalán, nos disfrazábamos en carnaval, pero traer un disfraz “comprado” se consideraba una estupidez, falta de creatividad y una actitud consumista que creaba anti valores… Pero en el 2015, dentro de los hogares panameños faltan verdaderos valores, estimulando el esfuerzo para lograr las cosas, ese esfuerzo de “hacer” y “crear”  versus comprar. Nos falta educar en la austeridad y la sostenibilidad en general, algo que deberían ser pilares educativos de nuestros menores. Al final del día, esto es lo que se traduce en cultura y lo único que tiende puentes hacia un futuro que merezca la pena heredar.

Ya hemos pasado el capítulo de “Halloween” y hoy nos encontramos a las puertas de iniciar los actos de celebración del Mes de la Patria. En este mes celebramos  de todo: independencia, separación, símbolos patrios, momentos históricos y otros tantos motivos que llevan al asueto vacacional de la primera quincena de Noviembre.



Pero el patriotismo es completamente bipolar en Panamá… vemos el fervor en los medios y en las 
instituciones públicas, en los desfiles de las bandas escolares, institucionales e independientes y en los actos oficiales que guardan gran protocolo y solemnidad. (Bueno, eso cuando no cometen errores garrafales en su uso de simbología nacional como hemos visto en los últimos días, pero no entraré al trapo hoy con este asunto, porque es materia para otro post).

Mientras unos celebran la patria, otros celebran el tiempo libre que ésta les brinda y aprovechan para viajar a fuera del país. Entendamos que trabajaron muy duro todo el año y desean disfrutar de tiempo de calidad,  con los suyos y,  sin más remedio, aceptaremos pulpo como animal de compañía… El problema es cuando lo sumamos todo junto, lo licuamos, termina por ser lo único que servimos en los hogares, dando a los niños tradiciones exprés, cuyo único esfuerzo para disfrutarlas pasa por el tiempo de espera en caja para pagar y encima para que luego, no tengan siquiera que desfilar porque “los pobres” tienen derecho a ir de vacaciones...

Creo que quienes desean hacer vacaciones son los padres y cada vez son menos los que apoyan a que sus hijos se vistan de Patria y valoren la historia que los define, su contexto y el país que deberían amar, proteger y al que deberán aportar algún día. ¿Si no les mostramos el camino hoy, cómo esperamos que lo encuentren mañana? Diremos que es culpa del Gobierno, solo que a éste lo componen personas que algún día fueron educadas en un hogar y en una escuela, preguntémonos cómo.

Regresando al tema que hoy me ocupa, éstas fechas reúnen muchísimas celebraciones en nuestro calendario y venimos también de la semana de la moda nacional, cada vez con mayor contenido eco amigable  y de mayor celebración de la identidad panameña, en este caso, enmarcado en el contexto del “Prêt-à-porter”.  Y tras haber podido revisar con calma las propuestas que nuestros medios nos traen para noviembre, inspirados tanto en lo más reciente de la moda local y como en lo más inminente en las calles del país, debo confesar-les  que  me siendo gratamente sorprendida de cómo se ha sabido imponer como tendencia de estilo el “Vestirse de Patria”.


Al decir “Vestirse de Patria” no me refiero necesariamente a vestirse “de típico” -lo cual también vive un poderoso auge- no, en este caso me refiero a la capacidad de tematizar el atuendo casual, dándole guiños que lo identifiquen con Panamá. Que al vestirnos, celebremos Panamá.

Si abrimos las revistas de moda nacionales que nos llegan desde la semana pasada con este tema, veremos las múltiples propuestas de complementos, ideas y combinaciones con prendas de vestir que podemos encontrar en nuestro país. Veremos que existe oferta para todo rango de presupuestos, un sinfín de ideas que podrían hacer de nuestros días de noviembre una oportunidad de reivindicar la identidad nacional panameña, con mucho estilo.    

Veo tops de algodón o lycra con inscripciones plausibles, desde las más obvias que juegan con la palabra Panamá, como el clásico “I (corazón) Panamá”,  hasta  algunos ocurrentes juegos de palabras que les exhorto a que descubran en las boutiques de casco o con las pistas que nos dan los blogueros nacionales de moda… Hay para todas las personalidades y  edades,  pero debo admitir que la selección tiene como denominador común el buen gusto. Es decir, bravo por estas revistas que persiguen inspirar a sus lectores de forma positiva.  


Como parte de la oferta tenemos, por supuesto la ropa “estilizada”, que es aquella que toma como inspiración los elementos que conforman el atuendo típico, para llevarlo a un look más innovador, pero siempre elegante, tanto a nivel casual como formal. Es ideal para mostrar nuestro amor por la cultura panameña y a la vez lucir bien en cualquier circunstancia sin que parezca que vamos “disfrazados”.  Además, suele ser una opción más cómoda o llevadera que el atuendo típico, especialmente para la mujer,  algo que para largas jornadas de observación de desfiles al aire libre, con nuestro clima inclemente, se agradece mucho.

Lo que pareciera “alejarse” de lo tradicional, bien usado, hace justo el efecto contrario, suma a más personas a acercarse a la identidad cultural y tradicional del país.

Podemos encontrar opciones económicas en la popular Avenida B y en la Salsipuedes, en su mayoría de fibras sintéticas, pero que bien combinadas pueden ayudarnos a lograr el efecto deseado o bien, si preferimos lucir una prenda más “fina” que hable muy bien de nuestro conocimiento y respeto a las tradiciones, pero sobre todo, que nos aporte elegancia, entonces deberemos optar por una prenda de lino o hilo de algodón, con fino trabajo y un acabado de gran calidad, para lo cual será preciso encargarla -con tiempo- a cualquiera de los cientos de artesanos expertos que las trabajan con calidad y buen gusto, a nuestra medida y estilo.

De nuevo, olvídense de la inmediatez para obtener un excelente resultado… hay que prever, programarse y valorar la labor del artesano y diseñador panameño…

Pero así sea para ir a hacer la compra al supermercado, o para una salida a cenar o al teatro, es tiempo de combinar,  con estilo y buen gusto,  los elementos claves de estos días: colores patrios, juegos de joyería de pollera combinados con ropa casual o estilizada, o que los patrones y estampados de nuestras prendas frescas y cómodas enaltezcan a Panamá con su nombre o elementos alegóricos.

En joyería, vemos que no todo debe ser oro, este año hay unas propuestas en goldfill muy lindas que, por cierto,  tienen varias ventajas;  pues suelen ser creadas y producidas por manos panameñas, lo cual favorece el ingreso nacional, otra es que su precio es muy inferior al de una joya de oro (se hace más accesible y universal) y por último, no pierden tan rápidamente su brillo y lindo color dorado, algo que sí les sucede a las prendas de fantasía de menor costo, que,  bien a la hora de comprarlas suelen ser algo más económicas, duran poco y por ello terminan siendo más caras.


Y cuando se trate de pisar con fervor, la elección es clara: ¡No hay nada mejor que un buen par de cutarras! Sí, cutarras de todos los colores, acabados, planas o altas con suela topolino. Las hay metalizadas, coloridas o el lindo tono que adquiere el cuero natural curtido…Incluso la cutarra tradicional, la cual no tiene siquiera caucho en la suela y que debe hacerse a la medida, se vuelve un accesorio en tendencia para hombres y mujeres. Si queremos usarlas con estilo casual, solo tenemos que saberlo combinarlas con ropa fresca pero ojo, nada de "ñoñerías", eso no se lleva, vayámonos a la búsqueda de un Look fresco y trendy, como una falda larga de algodón o mezclilla y un suéter sin mangas con un elegante “Viva Panamá”!  

El costo de la vida se ha disparado en nuestro país, esto ya nadie lo pone en duda, pero como vemos, con la amplia oferta actual, vestirnos de Patria puede ser algo que podemos hacer con mucho estilo y un presupuesto ajustado. Tanto despilfarro en Halloween, ¿no me dirán que no se puede invertir en un par de cutarras artesanales y un juego de tembleques? O un sombrero montuno,  que puedas sacar en cada ocasión que lo necesites,  sin que pase de moda ni se vea repetitivo… ¡Eso siempre te hará ver trendy! Siempre  cuando le des el estilo y el porte que merece…


Lo ideal es invertir una sola vez en un buen sombrero y en las cutarras, esas no son caras, eso sí, artesanales, trabajado todo por manos panameñas, lo cual le dará un toque auténtico a tu outfit y será un apoyo al verdadero artesano local, quien lo necesita y mucho. De hecho, solo haremos patria si somos sostenibles en nuestro gasto y en nuestras elecciones diarias. Al fin y al cabo, vestirse de Patria sumándole a ésta y no al revés será, ante todo, cuestión de actitud.


martes, 27 de octubre de 2015

LA DICTADURA DEL ABURRIMIENTO CROMÁTICO INVERNAL




Crecí en un lugar del planeta en que existen claramente las cuatro estaciones del año, algo que debería ser simplemente hermoso, colorido, variado y estimulante… Solo hay que oír las cuatro estaciones de Vivaldi para disfrutar de las miles de cosas las que suceden a lo largo de todo el año... hojas caen, plantas retoñan, luego el viento, la nieve… 



Pero les diré que en plena era de la información queda aún mucho por hacer. Parece mentira, pero en mi último viaje hallé que la ciudad más creativa, linda y estimulante del mundo (es decir, Barcelona) seguía ofreciendo en las vitrinas de otoño-invierno lo más aburrido del mundo, especialmente si de zapatos se trata. 

Tal era el aburrimiento en las vitrinas que en esos momentos en que me dolía profundamente pensar en que mi viaje llegaba a su fin, solo debía acercarme a un “escaparate” de moda y... ¡BAM!, a mi corazón le llegaba un sentimiento de nostalgia inmediata por Panamá y todo su color… 

Otoño… 

Recuerdo en mi infancia pasear por los bosques del Montseny y recoger hojas caídas… No había dos del mismo color. Desde el ocre hasta el rojo prendido, pasando por los verdes de los árboles de hoja perenne… Un cielo azul coronaba el jazmín de flor blanca, que es resistente incluso a las nevadas…

Recuerdo el amarillo prendido, el morado y el blanco de los pétalos de las pequeñas flores del invierno, dibujando coloridos paisajes...

Y a pesar de todo este entorno de inspiración, los diseñadores de moda se empecinan en imponer la crudeza depresiva de la monocromía carbónica y chocolatosa del aburrimiento.



Recuerdo hace veinte años atrás, en un día como hoy, yo vivía el “cambio de temporada”. Ese día en que debes aceptar que ya no volverás a usar ese vestido de baño, ni esa blusa veraniega, hasta -por lo menos- dentro de siete meses… En pocas horas, sucedía lo inevitable: toda esa ropa colorida, fresca y llena de energía positiva, quedaba doblada y comprimida entre paredes de plástico y sobrecitos anti-polilla, con fragancia de lavanda.


Sí, mi ropa hibernaba y siete meses más tarde, con una ilusión parecida a la de la noche de reyes, se abrían esas cajas. Mi cuarto tenía la ventana de par en par, dejando volar las cortinas con la primera huida del frío, para que entrasen libremente los ensordecedores reclamos de los pajaritos que en primavera enloquecían, como el resto de nosotros.

Y en esa re-apertura de las cajas se vivían un sinfín de emociones, con sentimientos encontrados: como la emoción de re-descubrir esa blusa que amaste tanto y que ya no recordabas y la frustración de hallar algunas prendas “de temporadas atrás” cansadas de re-aparecer de esa caja y que comenzaban a reclamar un nuevo destino.

En cualquier caso, en esas latitudes cuatro-estacionales,  se vive una especie de salto cuántico en el fondo de armario dos veces al año, todos los años… Y así nace el vaivén de jerséis saliendo de las cajas y vestidos frescos entrando en ellas.


Pero a pesar de que la madre naturaleza abre la temporada de otoño-invierno con cierta astenia otoñal, estados depresivos por la llegada del gris en los cielos y la bajada del termómetro, los diseñadores se rehúsan en apoyar a las personas a superarlo con su atuendo y,  al contrario, refuerzan esa taciturnidad,  con sus diseños más tristes, imponiendo una dictadura de aburrimiento cromático.

Y cuando llega octubre las vitrinas se inundan de tres colores: Negro, Gris, Marrón. Con alguna excepción accidental de Beige… Para cuando llega la temporada navideña, un mes y medio después de la salida de jerséis de las cajas, se amplía generosamente la gama de colores en las boutiques y almacenes de ropa con la llegada del Rojo, junto al Dorado, el Blanco e incluso Plateado (que no deja de ser una metalización del gris)!!!


No me malinterpreten, amo todos esos colores, me encanta el negro, especialmente en satén o cuero y adoro el algodón orgánico en color gris, pero lo que nos proponen los comercios es deprimente…   Y digo los comercios, porque me consta que las firmas de moda presentan mucho más color en las pasarelas… 

El miedo al fracaso en ventas,  lleva al encargado de compras de las grandes cadenas y las boutiques de multi-marcas a quedarse en su zona de confort. Lo curioso es que la zona de confort sea, año tras año, la Depresión!

Créanme, estuve en Barcelona la primera semana de octubre, tratando de comprar un par de zapatos cerrados y altos de color marfil o en su defecto, el infalible color nude (una misión aparentemente sencilla). Aclaremos bien el asunto, nada fucsia, ni con florecitas, nada turquesa ni naranja prendido; solo un suave y discreto color marfil, o mantequilla, o nude,  para completar el atuendo que quería usar para un evento importante, pero adivinen: a menos que aceptara propuestas para novias (con brillos anacarados, satenes, perlas, etc). no había un solo modelo en este color, de hecho, me miraban como si yo fuera un alienígena, con una sonrisa, claro, la amabilidad nunca faltó.

-Tienen zapatos de color marfil o nude?
-No chica, estos colores eran del verano! Ahora todo es otoño invierno…
-¿Y en inverno no se usa nude? Bien que vi a la Palermo con un abrigo bien peludo y unos stilettos en nude… jeje… (Esa soy yo haciéndome la ocurrente, discúlpenme por ello…)  
-No chica, es que en esta época, ya sabes, todo viene en colores neutros.

¿Perdón? (Pensé) Y el “nude” ¿qué es?

En cada tienda, con cariño y simpatía, trataban de convencerme de que me llevara algo en negro porque, según me decían, “combina con todo”.  ¡No! 

Yo,  de terca, solo quería reforzar el COLOR verde botella y brillante de una falda que pensaba combinar con un top de color marfil, pero esa idea mía parecía alocada y a destiempo, con un calendario tiránico que decide que “debes” vestirte de luto, o como si tuvieras una depresión, desde el uno de octubre.



Finalmente, contra viento y marea, justo cuando ya me iba a rendir,  se hizo el milagro:  en una boutique tradicional (curiosamente) en la que no hay “tendencias” sino “básicos de calidad” y se jactan de que “lo suyo es siempre bueno y siempre útil” (¡muy cierto!) resultó que tenían TODO EL AÑO zapatos salón en tres alturas de tacón y su versión plana, en casi todos los colores del arco iris y adivinen, tenían un par salones de ante en el verde exacto de mi falda “panameña”!  …Si, sonaron trompetas celestiales.


… Mis acompañantes en la hazaña eran mi mamá y mi esposo y la primera se emocionó tanto que me regaló ese par de zapatos color esmeralda para asegurarse de que no dejara de llevarlos conmigo… Como premio, el día 10 de octubre fue el más lindo del 2015 en Cabrils, el pueblecito de la Comarca del Maresme donde tuvo lugar el importante evento familiar, 23ºC sobre el esperado y temido "17" y ni una sola nube, con una brisa perfecta con olor a tomillo y romero, para disfrutar en una terraza al aire libre, viendo los mil tonos de verde del Mont Cabrer y Vilassar de Dalt y los mil tonos de azul que conformaban entre el cielo y el Mediterráneo al fondo del paisaje, flanqueado por las tejas rosadas y rojizas de los techos que, como una falda, caían elegantemente hasta perderse en el paisaje...

Pareciera pues, que nuestro sincero deseo de vivir en colores y revelarnos contra la tiranía de las corporaciones -y su maléfica cruzada por deprimirnos durante 7 meses del año- finalmente rindió sus frutos.  Al fin y al cabo, ponerle color a tu vida, solo es cuestión de actitud.




 


jueves, 30 de julio de 2015

PANAMÁ: CON EL DEPORTE EN LA UCI


Estuve desconectada por mucho tiempo. Disculpen por ello, es que leí en un blog que no es necesario estar constantemente escribiendo en tu blog y me lo tomé demasiado en serio…También es porque anduve enfocada en varios temas que me alejaron de escribir, pero ya no puedo aguantarme más sin opinar sobre el tema deportivo en Panamá…

 
Lo que ayer fuera un elefante en medio del salón, hoy es un circo futbolístico que nos está indigestando. La Copa Oro perdió su brillo ante el mundo y la selección panameña de futbol se catapultó ante el foro mundial de la opinión pública, ondeando un enorme estandarte de dignidad. Cierto. Y hoy,  los niños y niñas de este país donan sus pocos centavos, para que una selección con mucho brío pueda pagar las consecuencias de su visible disconformidad ante la “injusticia” foránea.

Me pregunto dónde está el brío y el ímpetu a la hora de defender el deporte nacional de los propios panameños.

 
Somos gritones y nos indignamos mucho cuando son los de afuera quienes nos tratan injustamente, pero ¿qué hacemos cuando la falla está dentro de nuestra propia casa? Señores, ¿dónde queda Panamá en todo esto?

La mayoría de los panameños que practican deporte y representan al país en competencias internacionales carecen del apoyo del Estado. Son sus familiares más allegados quienes piden dinero prestado para poder financiar las competencias de sus parientes deportistas. ¿Apuestan a su futuro? No, apuestan a su felicidad, sin garantía alguna para el futuro. Apuestan a su presente, a su necesidad de hoy, porque quien debiera hacerlo no lo ha hecho en cien años.

Y en ninguno de esos casos hablamos de fútbol, amigos, porque debemos hablar de beis, de flag, de artes marciales, de atletismo, de baloncesto, de tenis o de natación, entre tantos otros… ¿a quién le importan esos muchachos (que son el futuro del país) más allá de sus compañeros, entrenadores y familias?
 
 

La proyección y fuerza competitiva de un país se mide en base a la inversión que realiza en su deporte (en TODO su deporte), con infraestructuras que permitan a los jóvenes prepararse para ser campeones, financiando su preparación su atención médica y sus viajes.
 
 

 
 
Si nos olvidamos de las potencias petroleras de medio oriente, el resto de países con fuerza comercial y competitividad real tienen el deporte como un denominador común. El gran dragón lo tiene clarísimo, pero Brasil, Chile, Alemania, Rusia,  Estados Unidos, Canadá, Japón, no se quedan atrás… Eso es porque saben que el deporte de alto rendimiento aporta valores, disciplina, salud mental y física, lo que finalmente lleva al país a ganar en todo, todo, todo: mejores negocios, mayor popularidad ante el mundo que genere simpatía hacia sus marcas, competitividad productiva genere ingresos y, por supuesto, contribuye a un incremento del consumo propio y de la inversión local y extranjera… Si, señores, todo eso hace una inversión inteligente en deporte nacional, todo eso.   

Pero en Panamá no se invierte en deporte. Tampoco en Cultura. Se llevan décadas dejando morir la educación, la sanidad y los servicios públicos y hoy, finalmente, nos lamentamos de entrar en una desaceleración del crecimiento económico. Amigos, lo contrario a eso, sería un fenómeno paranormal.

Si la actual administración desea de veras darle un giro a este asunto -los honores y regalías que le dio a selección de futbol a su llegada tras los lamentables sucesos en la Copa Oro, son una luz al final del túnel para una optimista incorregible como yo- en ese caso podría comenzar con:

1-      Creación de Ministerio de Deportes (elevar a Pandeportes a Ministerio) y Ministerio de Cultura (elevar el INAC a Ministerio). Con ello se coloca estos dos rubros, más vitales de lo que muchos creen, en la mesa del Consejo de Gabinete y sus proyectos se elevan a nivel de Estado

2-      Creación de Centros de Alto Rendimiento Deportivo Multidisciplinar

3-      Creación de Becas deportivas para estimular la calidad de desempeño deportiva a la par que el joven se forma en sus estudios sin necesidad de tener que sacrificar ni mermar ninguna de las dos áreas de formación

4-      Revisión y Plan Maestro de reforma integral de canchas, polideportivos Nacionales, Piscinas y Estadios.

De ahí podríamos seguir con los detalles de los planes de trabajo,  pero la idea en general creo que queda clara.

Simplemente, Panamá no tiene futuro si no se invierte urgentemente en Cultura y Deporte. Estos dos rubros inciden directamente en Educación, Valores, Salud, Consumo, Optimismo social,… Por supuesto que los planes anunciados de mejora de los servicios de salud y de la educación pública de este país deben ir de la mano.

¿Quién dijo que administrar un Estado sería sencillo? Demasiadas décadas de mala gestión y merma educativa dejaron un lastre pesado, pero combatir sus flagelos, con acciones asertivas no es imposible y ya no depende de lo sucedido hasta hoy, sino de lo que hoy se haga.

Nunca lo “fácil” resultó divertido. Y hoy, como país, admitámoslo, estamos en la cuerda floja, en un momento clave, que puede ser ese punto de inflexión que se esperaba hace años atrás.

 
 
Dependerá de la voluntad real -a día de hoy- de colocar a Panamá entre los mejores países del mundo: con la mayor tasa de felicidad, con la menor tasa de inseguridad, con cero desnutrición infantil, con el mejor sistema de salud pública de América, con el mayor nivel educativo del Continente y con un mínimo de diez disciplinas deportivas aportando glorias constantes al país. Todo eso es factible y aunque usted no lo crea, solo es solo Cuestión de Actitud.

 

 

viernes, 20 de marzo de 2015

El Papa en la Era Digital


 
El Papa, como todo líder o personalidad, se halla a diario bajo el escrutinio de las redes sociales, que someten constantemente su imagen y palabras al sufragio de los “Like” y a la suerte de los “share”. En el caso concreto del Santo Padre, estos usuarios "compartidores" no parecieran -en su mayoría- abanderar una labor apostólica al dejar sus opiniones, por más que éstas sean aplausos o fervorosas muestras de “acuerdo” hacia supuestos mensajes de su Santidad.

Entonces, por qué lo hacen?
Pienso que algunos usuarios hacen uso de una figura de tanta “influencia” para reforzar la aceptación de terceros hacia sus propias opiniones o creencias, mientras otros se nutren de los mensajes compartidos, en ocasiones distorsionados, descontextualizados o incluso inciertos, para enmarcar las creencias de los demás. Habrá quienes simplemente reaccionen impulsivamente ante algo que los hace sentir bien. Pero en cualquier caso, de algún modo, lo que hacen es relativizar al Papa, a la Fe y a la Iglesia. Al final del día, la lluvia de comparticiones es una realidad irreversible y no puedo evitar pensar en las implicaciones de estos impulsivos “share”.

Los invito a evaluar, en algo más de 140 caracteres,  si lo que aparentemente parece positivo, lo es en realidad.

Respecto a la reacción mayoritaria en las redes, aparentemente hallamos una visión positiva del Papa y de las consecuencias de sus mensajes y su labor. Pero al poner la lupa, me doy cuenta que no suele tratarse de sus homilías (que, por cierto, son interesantes) y a veces, ni tan siquiera se trata de sus palabras realmente. Pero si no son sus Homilías, ni sus palabras, lo que genera los "Bravo", "Like" y las comparticiones, puede que no sea algo tan positivo lo que está sucediendo...

La mayor parte de los contenidos en las redes sociales tienen objetivos emocionales. Las más populares se llenan a diario tanto de mensajes oscuros (insultos, juicios arbitrarios, mentiras, faltas de respeto, abuso) como de publicaciones que buscan dar luz por ser constructivas, positivas, (como recetas de ricos postres, felicitaciones llenas de amor, buenos deseos, oraciones, relatos interesantes,  videos educativos…). Es decir, las redes son un reflejo de nuestra realidad como seres humanos, luz y tinieblas -por así decirlo- todo está ahí.

Así pues, las aparentes libertades de las que gozamos los usuarios en Internet, al contrario de hacer de nuestra vida un lindo y verde pasto, en realidad nos enfrentan a una poderosa herramienta, que actúa como arma de doble filo y por ello, se trata de una gran responsabilidad, seamos o no conscientes de ello.

Que lo diga Internet no implica que sea cierto, pero tampoco evita que haga mella...

 
Cuando hablamos de mensajes provenientes del líder de la Iglesia Católica, debemos ante todo estar claros en el contexto de los mismos.
Es decir, si se trata de mensajes del Santo Padre de la Iglesia Católica, cual es el contexto de los mismos? Su origen? Y qué implica? Debemos aclarar los términos y los contextos sino estamos tratando asuntos de gran envergadura de forma irresponsable.
  • La Iglesia, del latín ecclesia, significa «asamblea», «reunión», «convocación».
  • Resulta que por su estructura, misión, valores e integrantes, esta asamblea que es La Iglesia no se puede reducir ni “un” mensaje ni “un” discurso; Ello es porque La Iglesia basa su existencia en facilitar el lazo entre Dios y el hombre a través de la religión.
  • Cabe aclrarar que la palabra religión, proveniente del  verbo latino religare, significa «volver a unir, enlazar, relacionar», en este caso, la religión que practica La Iglesia busca “unir” a los hombres con Dios.
  • ¿Y El Papa?  El líder de la Iglesia Católica, o mayor representante de esta asamblea.  
  • Etimológicamente, Iglesia Católica significa la Iglesia «universal». Es aquella que «anuncia la totalidad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada a todos los pueblos; se dirige a todos los hombres; abarca todos los tiempos; es, por su pro­pia naturaleza, misionera» (AG 2).
  • Por lo tanto, entendamos ante todo que el Papa es el líder de la Iglesia Universal enviada a todos los pueblos para anunciar la totalidad de la Fe. 
Dicho lo anterior, entenderán que todos los mensajes de cariz incluyente que con suma humildad nos comunica el Papa, son totalmente consecuentes con su rol, su vocación, su misión y su responsabilidad.

Quizás no es tan solo el mensaje sino la manera en que logra hacerlo llegar lo que esté llamando tanto la atención. Así que aquí nos hallamos ante la importancia de la Comunicación no Verbal, el marco o contexto y el "estilo" de la persona que lleva el mensaje.

Y esto es precisamente lo que me trae la preocupación esencial en todo esto, que aparentemente solo tiene ángulos positivos y constructivos. Si ahondamos un poco más en el fin de los mensajes, me preocupa seriamente que se confunda el concepto de “sencillez”, con el concepto de “facilidad”. El primero, encierra virtudes, pero el segundo suele conllevar carencias y deformaciones...

Los mensajes del Papa a veces son breves y otras se componen de mucho más de 140 caracteres. Para comprender los breves deberíamos tratar de comprender los de más de 140 caracteres.

 
Cada vez que el Papa Francisco nos recuerda que la Iglesia Católica está llamada a ser incluyente, nos está pidiendo que asumamos una enorme responsabilidad. Entonces, espera mucho más de nosotros que un “like”, pues de nada nos sirve darle Likes al Papa si no escuchamos “todas sus” palabras.
Debo admitir que me encanta ver que hoy ya sean más los mensajes positivos que los negativos en la red sobre el Papa. No podemos negar que la apertura de la religión a través del mundo digital es una buena noticia, como el Evangelio en sí mismo (Evangelio, del griego euanghélion, que significa “buena nueva” o “alegre mensaje”). Pero los privilegios suelen venir acompañados de responsabilidades que, si no se asumen, se convierten en la flama que consume el privilegio.
Me pregunto si la gente, en esa descompresión emocional de ideas “pesadas” interpreta la ardua tarea que el Santo Padre nos está pidiendo que llevemos a cabo:  ¿Estamos realmente preparados para abandonar prejuicios y actuar con tal nobleza y generosidad?

 
El Santo Padre nos habla del mensaje de Jesús… es decir, rescata la visión más purista del Hijo Único de Dios, una visión generosa, incluyente, de cariño, que se resume con Amor al Prójimo.

Qué acto tan valiente y complejo pedirle este desprendimiento y generosidad a los habitantes de este Mundo, si consideramos que aquí en la Tierra prevalece lo inmediato y lo superficial y lo “mío”...  Si a ello agregamos lo alejados que estamos del raro arte de “saber esperar”, mayor es mi admiración en la Fe del Papa, me refiero a su Fe en todos nosotros!
Debe ser enorme su amor hacia todos los seres humanos para hablarnos en estos términos, ¿lo merecemos realmente? No lo sé, pero deberíamos vivir enfocados, cuando menos, a ganárnoslo…

 
El Papa sigue leyendo la misma palabra en las Sagradas Escrituras, porque cree firmemente que está más vigente que nunca, si bien no es un texto que debamos tomar literalmente y por eso nos aclara constantemente una serie de conceptos, para que evitar que nos perdamos en detalles morbosos o absurdos y mejor nos enfoquemos  en ser multiplicadores positivos. Y nos invita una y otra vez a ser mejores. Esto va del "Bien Universal". Én esta semana llamó a la PAZ de todos los hombres... Es un mensaje muy antiguo, pero que hoy día, por las grandes carencias en nuestro actuar, tiene todo el sentido...
“Queremos católicos con jeans, digo el Santo Padre... qué suerte la mía, pues amo la mezclilla, pero no se refería con ello a que la feligresía use la mezclilla como tejido de su vestuario, lo que está pidiendo es INCLUSIÓN. 

Cambian los tiempos y por lo tanto, el lenguaje, más no cambia la esencia del mensaje…

El amor al prójimo es sin duda es uno de los mensajes más antiguos y el más vigente de todos.

 

Las Redes nos imponen un reto tras otro pero al mismo tiempo, nos dan oportunidades y por otro lado, tenemos al Papa trabajando a diario, junto a miles y miles de seres humanos,  para promover el amor al prójimo.

Es fácil asolear palabra ajena en las redes, pero el Papa nos pide más que un “share”, más que un “Like”… Amigos, es totalmente posible ser multiplicadores de algo positivo, en vez de promotores de ideas tóxicas, en realidad es muy sencillo, así que lograrlo y recibir a cambio las bondades que ello genera, como todas las cosas importantes en esta vida, sin duda alguna, será cuestión de actitud.

viernes, 6 de marzo de 2015

INMIGRACIÓN SALUDABLE, LA ÚLTIMA CRUZADA


No es novedad que  estamos bajo el yugo mediático y pareciera que solo haya conversación si se habla de ciertos temas…

…Si bien los temas judiciales llenan el 95% de la atención mediática, en lo personal, hoy me preocupa lo que acontece en las redes sociales. Éstas no son medios regulados por una directiva editorial, sino foros de libre expresión que, últimamente, se usan como armas de destrucción masiva en vez de ser herramientas de libertad y diálogo.

Entre varios asuntos perturbadores, en Panamá,  hoy,  destaca el fenómeno que estamos viviendo alrededor del tema migratorio, tema que no podía dejar de lado, por múltiples razones.

Mis premisas:

1. Someterse a un proceso migratorio regular, que exija un fuerte control de tus actividades y un sinfín de garantías sobre tu persona,  para el bien de esta nación, debiera ser, para todos, una obligación. De hecho, notemos que éste es el mismo garante que respaldará en gran parte la seguridad del inmigrante cuando éste ya habite el país…

2. Cumplir con lo que exija la ley para poder ser ciudadano de este país, debería ser visto como un honor, algo parecido a ser parte de una “lista VIP” en una fiesta importante, pues ser ciudadano implica más que papeles…

La iniciativa, a mi juicio muy mal llamada “crisol de razas”,  pudo haber tenido en su origen alguna buena intención, pero está claro que al ponerse en marcha no aportaba un solo beneficio real para el país. Comprendamos que haya personalidades de la vida pública y política panameñas clamando acaloradamente en contra de la apertura masiva que ha supuesto y supone el programa de la discordia:

En materia de seguridad -y salubridad- deberíamos tener la guardia mucho más elevada de forma permanente, porque somos un país de tránsito, el Hub de las Américas, el país que “Une al Mundo”... que, más allá de ser un buen titular, debiera ser una alerta de responsabilidades titánicas pues por aquí pasa mucha gente a diario. De hecho, deberíamos estar más duchos en la materia, porque esto viene desde antes de la historia republicana, por lo menos desde 1885, con la inauguración el primer Ferrocarril interoceánico.

Pero hoy, los riesgos que nos conlleva ser tierra de tránsito ya son suficientemente elevados por sí mismos; si además le sumamos la pérdida injustificada de filtros y controles, en un momento de auge económico, con fuertes olas de inmigración comercial, empresarial  e individual, el resultado podría ser cuando menos un desastre.

Pero los lamentables acontecimientos que estamos viendo y viviendo en las redes sociales en estos días, nos muestran que ya estamos en alerta: en este caso, la alerta es de carácter socio-cultural, con un panorama atestado de casos de estudio; Un verde pasto para sociólogos y antropólogos amantes de la investigación de campo…

Una horrible lluvia de insultos cae a diario en pleno verano panameño. Los causantes, apenas tres gatos -o tres gatas- pues no son más,  tienen una cruzada psicótica contra la ciudadanía de este país que los recibió, y al que se empecinan en seguir viviendo…

Un buen amigo panameño me preguntó si sabía dónde venden los famosos suéteres del monito, suéteres que nace como parte de la más inteligente de las reacciones posible que se pueden tener ante tal agravio: el sentido del humor. Mi amigo dice querer uno y  sospecho que quien los ponga a la venta en algún centro comercial hará tremendo negocio,  pues creo que ya somos muchos que lo luciríamos con una inmensa satisfacción…

Yo soy Panamá, como reza la canción de Osvaldo que suena en una campaña en la radio. Sí, señores, Yo soy Panamá,  porque vivo y trabajo,  no solo en este país, sino “para” el bien de este país que amo, con admiración y respeto hacia su pueblo. Bueno…  excluyamos de este afecto a corruptos, a los muy maleducados y a esos que adoran promover  las malas costumbres, pero en cuanto a todos los demás, es decir, los decentes, trabajadores, luchadores, creativos, valientes, talentosos  y los llenos de valores positivos, que quede claro: son la inmensa mayoría.

Y precisamente porque la idea inicial es ver a todos con buenos ojos, aquí se comprende que cuando alguien viene saliendo de una situación compleja de su país, llegue a Panamá acarreando lesiones emocionales en su maleta. Pero si al llegar a Panamá, opta no solo por quedarse, sino por aferrarse a la parte negativa del reto, sucede que haga lo que haga en este país, emocionalmente vivirá despegado de su entorno, o peor, irá cocinando su  rechazo al mismo.

 
Adaptarse a un nuevo país es un proceso difícil, todo aquel que tiene más de dos dedos de frente comprende que la experiencia de un inmigrante siempre es una cruzada, con mayores o menos dificultades y que nadie puede juzgar. No es nada fácil comenzar su vida en un país que no lo vio nacer ni crecer, esto lo sabemos, en mi caso, por experiencia, pero las cruzadas individuales del inmigrante no justifican el que abra una cruzada abierta contra el país que lo recibe y menos si ésta se basa en descalificar, juzgar e insultar al común de ciudadanos con fobias insustentables.

Sucede que cuando convergen la falta de inteligencia emocional y la falta de educación en alguien intolerante, la discordia está servida. Si además no le teme las consecuencias de irrespetarlo porque cree que su falta de tolerancia se puede alimentar de la tolerancia gratuita del local, ahí tenemos abuso, pero no hacia el inmigrante sino del inmigrante hacia su nuevo entorno.

En vez de irse a hacer ejercicio en la Cinta Costera o en el Parque Omar, que es gratis y muy saludable, los desequilibrados optan por sumarse al vergonzoso desfile de publicaciones “online” en contra de los panameños. Si no lo han visto o leído, considérense afortunados pues es bochornoso, vergonzoso y sobretodo, doloroso.

Lo triste es que se necesitan miles y miles de voces para que se perciba un hecho positivo pero una sola para empañar el mundo y la realidad. Y dudo que estos ciudadanos extranjeros tan mal educados y enfermos sean representativos del carácter, la educación y los valores de la mayoría de los ciudadanos de sus países de origen. Como siempre, lo negativo suele pesar mucho más en nuestro mundo y se roba el show.

Mi llamado hoy es hacia los residentes extranjeros que, como una servidora, cohabitamos en este hermoso país:

A los decentes, súmense a dar voces asertivas y constructivas sobre Panamá. Pues Panamá hoy es nuestro hogar. Demostremos que nos merecemos que lo sea.

A todos quienes vinieron de otros lares y hoy residen en Panamá, por favor, hagan que sus hijos, que quizás nazcan como panameños, algún día puedan pronunciar con orgullo el nombre de sus padres frente a otros panameños.

Mujer que llegaste de otro país, si con humildad de corazón abres tu mente, te emocionarás con la cultura propia y única de este país, cuya experiencia es un privilegio…

…y cuando los tembleques se acomoden lentamente sobre las hebras de tu cabello, sentirás la emoción de ser parte de esta familia, en vez de sentirse como aquel a quien no invitaron y de todos modos llegó a la fiesta a bailar mal…

En fin… Lo que queda claro con todo esto es que, ser ciudadano de la República de Panamá, y no caer mal en el intento, más que un simple proceso administrativo y legal, como todas las cosas importantes en esta vida, es Cuestión de Actitud.