viernes, 16 de diciembre de 2016

AÑO NUEVO, RITMO NUEVO

Cuando hago campaña a favor del consumo responsable no falta quien dice que eso contradice mis llamados a observar el mundo de la moda y a cuidar el aspecto personal. Admito que la duda es razonable, así que decidí compartirles este post, con algunas claves y secretos para una vida más asertiva, especialmente entre tantas presiones absurdas que se crean en nuestra sociedad de consumo. 

La creciente necesidad de vivir una vida plena, con mayor sentido, obedece a que nos estamos saturando de imposiciones y elementos tóxicos.  Los primeros seres humanos en observarlo se alarmaron y comenzaron a crear soluciones, algunas con muy buenos resultados y como es lógico, comenzaron a ser imitados por otros... Así nació el movimiento slow,  un concepto vital que invita al ser humano a liberar sus presiones vacías y malos hábitos, para tomar el control de su tiempo, su salud y su vida. 

El tiempo es uno de los mayores activos que tenemos y si bien no lo podemos fabricar, resulta que podemos rentabilizarlo mejor al gestionarlo con más cabeza. El movimiento slow nos invita a que demos prioridad a las actividades que favorezcan nuestro bienestar y el de nuestra familia, eliminando 
todo aquello que no sume a nuestro favor, ni a favor de nadie. 

Revisa cuánto tiempo pasas en las redes sociales, cuánto tiempo dedicas a ver mala programación televisiva, y cuánto tiempo dedicas a conversar sobre la vida de otros... Todo ello es desperdiciar lo único que te abre puertas a ser verdaderamente feliz. Los partidarios del movimiento slow nos muestran que si le restamos tiempo a las cosas dañinas o inútiles liberamos tiempo para cosas tan importantes como reflexionar, escuchar una buena canción, o dar un paseo. Este tipo de actividades aparentemente "poco importantes" resulta que en realidad son los pilares de una vida feliz, por eso es tan importante darles su espacio en nuestra agenda. 

Los proponentes de este movimiento creen que, aunque la tecnología puede acelerar el trabajo, la producción y distribución de comida y tantas otras actividades humanas, las cosas más importantes de la vida no deberían acelerarse…Se trata pues de seguir una estrategia de vida más inteligente, que favorezca tu salud, la del planeta, que mejore tu relación contigo mismo y con los demás y que no perjudique tus finanzas.  

Del movimiento slow se derivan, por ejemplo,  el “slow food” y el “slow fashion”… Ya ven que si anteponemos el concepto slow ante alguna actividad o area de interés establecemos un nuevo rumbo y una nueva velocidad. Uno más valiente. 

La palabra slow en inglés significa despacio, pero no se equivoquen, en este caso no implica bajar la eficiencia ni la calidad de nuestras actividades, sino todo lo contrario. Se trata de bajar revoluciones de forma estratégica, para lograr una vida con mayores compensaciones y 
beneficios para ti, pero ojo, mientras no generes un impacto negativo a terceros, esto último es muy importante pues cuando una parte de la ecuación sale perjudicada, esa actividad se aleja de la posibilidad de producirte beneficios reales.

Por lo general, lo difícil no es “vivir mejor”, sino cambiar los malos hábitos de vida por hábitos saludables, pues implica un esfuerzo de aprendizaje cuando ya somos adultos. Así que integrar el movimiento slow en tu vida es un auténtico reto, no lo niego, pero suelen ser las cosas que más nos cuestan las que pueden darnos las mayores compensaciones.

Llevado a la comida (slow food), este movimiento nos inspira a seguir una alimentación saludable, cuyo consumo nos lleve a poner en práctica la responsabilidad nutricional con nosotros mismos y nuestros seres queridos, pero también nos pide tomar consciencia de la responsabilidad medioambiental, esa que podemos tener al comprar, cocinar y desechar los alimentos (origen de éstos, envases, aceites, detergentes...). Cada elección nos hace responsables de sus consecuencias. 

No voy a entrar en detalles, mejor es investigar y adecuar el conocimiento a nuestro estilo de vida, a la edad propia y de quienes estén bajo nuestra responsabilidad e investiguemos más a fondo las opciones de consumo que nos brinda nuestra ciudad. Pero el mensaje principal de este movimiento es claro, sencillo y universal: solo hallamos felicidad verdadera (profunda y sostenible) cuando integramos valores éticos, estéticos y ecológicos en todas nuestras actitudes y decisiones. 

Llevado a la moda (slow fashion) es la reivindicación a su antagónico "fast fashion", éste último, un fenómeno que nace del capitalismo salvaje y el consumismo descontrolado, cuyas consecuencias han contribuido en gran parte a posicionar el movimiento slow... La propuesta del slow fashion nos invita a usar la moda para que ésta sume en nuestra vida y no al revés. La compra de ropa o complementos, por ejemplo, debería ser el resultado de una planificación estratégica que hagamos bajo un objetivo claro y un presupuesto lógico. Siendo así, la calidad, el buen gusto, así como la utilidad de nuestras adquisiciones serán elementos claves a considerar en nuestras decisiones de inversión en el arreglo personal. Además, como todas las áreas de la vida en un tempo más “slow”, nos invita a la compra responsable, a favor de la equidad, el comercio justo y la sostenibilidad ambiental.

Calidad y cantidad son dos conceptos a tener presentes a diario en una vida slow… 

La calidad de una prenda, por ejemplo, sin duda es importante, pues te lleva a que esté vigente y visible por más tiempo. Además, habla mejor de ti porque se percibe más de lo que piensas...

También la cantidad, si observamos la diferencia entre “nutrirse” y “engullir”, por ejemplo, veremos que una persona puede atiborrarse, o gastar cantidades exorbitantes en su alimentación y aun así no estar bien alimentada. Pues bien, con la ropa y con todo lo que compramos sucede algo parecido, a veces no compramos ropa, la "engullimos".

Las falsas creencias nos pueden hacer mucho daño en este sentido… Por ejemplo, pensamos que somos más responsables cuando compramos algo rebajado, o porque es muy económico, cuando en realidad estamos basando la decisión de compra en la propuesta del precio del artículo y no necesariamente comprando el artículo que necesitamos. Ojo, no digo con esto que esté mal comprar en rebajas, sino que no deben ser las rebajas las que estimulen el comprar. 

En general, seamos más exigentes ante las opciones que tenemos y tomemos el control de nuestras necesidades y de nuestro presupuesto. Es decir, baja un poco el impulso emocional cuando vayas a la caza de algo que necesitas y pon la antena para que no te den gato por liebre: Por ejemplo, si dudas de si es o no piel auténtica, porque no tienes el don de detectarlo al tacto, es sencillo: ¡lee la etiqueta de composición! 

Lo cierto es que si gastas menos en "ropa basura" quizás te quede algo de tu presupuesto para invertir en piezas célebres, creadas desde la pasión verdadera, obras de arte en muchos casos y que, ¿porque no? te mereces poderlas disfrutar...

Como el diseño de autor, por ejemplo, que crece entre los adeptos al slow fashion y podría tener su lugar especial en tu armario. Los diseñadores que producen en su atelier de forma responsable crean piezas que en ocasiones resumen todas las preocupaciones que inspiran al movimiento slow… Tus piezas más icónicas, deberían ser creadas con las tres "C" (consciencia, cultura y cariño)... Una forma infalible de elevar la calidad de tus outfits es combinar un fondo de armario de retail con piezas especiales creadas por un auténtico artista. 

Si se han percatado, una vida con menos estrés y más salud y calidad de vida no está reñida con el estilo. Lo comento porque a veces veo a quienes optan por una vida saludable, sencilla y coherente y creen que por eso deben dejar de arreglarse o de verse bien… Eso es una incoherencia en sí misma. No hay excusa para dejarse...es más, la dejadez es un crimen en contra de la felicidad propia y de los tuyos.  

En ocasiones la dejadez se escuda tras la falta de presupuesto o de la falta de tiempo. En esos casos es urgente revisar el gasto diario a detalle, desmenuzarlo TODO y descubrir que posiblemente no careces de dicho presupuesto, sino que en muchos casos es un tema de prioridades...

Y por supuesto, al invertir en ropa, zapatos o complementos, asegurémonos de comprar aquello que nos favorezca y no conformarnos con menos! Esto implica que la ropa sea agradable a ojos propios y de los demás…

Para muchas personas, casarse y tener hijos los lleva a la falsa creencia que su “yo de proyección externa” murió y descuidan su imagen personal. Esto lo he visto incluso en profesionales, si bien siempre es un error. Por el contrario, están quienes se amparan de cualquier pretexto para comprarse ropa de oferta o rebajada... es malo dejar de cuidar tu aspecto, entre otras cosas es una falta de respeto hacia quienes te quieren, pero tampoco es bueno comprar cosas solo porque estén de oferta!

Verse bien es el resultado de observarnos con franqueza, invertir con sabiduría, cuidar nuestra salud y vitalidad y vivir en consonancia con nuestros intereses, valores y prioridades reales.

Vemos personas que siempre tienen un halo de estilo, que sin necesidad de estar gastando en ropa ni salones de belleza siempre se ven bien… Afortunadamente el primer paso para alcanzar eso que los franceses le llaman  je ne sais quoi, es la sencillez, que siempre suele ser una buena idea y un paso poderoso hacia una vida de felicidad si lo aplicamos en todo... 

Las “posturas sociales” que se refuerzan exageradamente con nuestras actitudes o al vestir suelen actuar más como presiones auto impuestas que no como mensajes de utilidad. 
Nuestro atuendo no define nuestra capacidad de hacer el bien o el mal, ni tampoco define nuestros valores, pero proyectar una imagen verdaderamente favorable de nosotros suele ir de la mano con una actitud sensata y coherente que convive con un estilo de vida saludable.

Nuestras elecciones y decisiones definen el peso que nos cargamos en la espalda y el grado de nuestra felicidad… Siendo así, el primer paso hacia un año más “slow” debe ser, hacer ante todo, una buena limpieza en múltiples áreas de nuestra vida. Y nos esclavizamos con tantas cosas... Prejuicios estéticos, malos hábitos, incluso con obligaciones sociales...No hay nada peor que esforzarse a diario para pretender ser quienes “no somos” con el objetivo de agradar o impresionar a quienes “creemos” que debemos agradar y no a nosotros mismos. Pongamos lupa a nuestros esfuerzos para lograr satisfacer a quienes lo merezcan, asegurándonos de estar nosotros mismos en esa lista.  

Además, cuando dejas de ser un esclavo de las presiones sociales, materiales -o vacías- te conviertes en alguien menos manipulable, algo que actúa como excelente tamizador de relaciones tóxicas, otra gran ventaja de una vida slow. Las personas que no tienen buenas intenciones contigo, cuando detectan que bajas revoluciones y reivindicas tus valores de forma integral, comienzan a sentirse incómodos y a acelerar procesos que justifiquen su alejamiento de ti. 

Al fin y al cabo, este movimiento es un lógico llamado a ser personas más felices, libres de tóxicos de todo tipo y más capaces de hacer felices a otros. Una vida slow nos convierte en verdaderos agentes de cambio positivo y sin perder el estilo,  por eso me encantó y se lo quise compartir. ¿El secreto para lograrlo? Pues bien, como todas las cosas importantes que definen nuestro rumbo en la vida es,  sin duda alguna,  cuestión de actitud.